Los hilvanes de Ana Estébanez

Nos habla Ana Estébanez de la batalla más antigua del mundo, con el campo más extenso y demasiados frentes abiertos. Tantos que hasta hoy, en muchos de ellos, no hay noticia de clausura. Y es que la causa de la mujer buscando su sitio tiene un enemigo excesivamente poderoso e indefinible, que se ha ido alimentando a sí mismo de injusticia desde que un hombre salió de caza y una mujer se quedó al cuidado del fuego y de los hijos.

Nos dice que ayer, 8 de marzo de 2016, se cumplieron 36 años desde que un grupo de mujeres concienciadas, pertenecientes a diferentes partidos políticos, organizó la primera celebración del Día de la Mujer y con ella se formó el embrión de la Asamblea de Mujeres de Cantabria.

A partir de ahí, en un nuevo capítulo de una guerra de siglos, protagonizan un intento más para hacer visible a la mitad de la población de un mundo de hombres en una dictadura de hombres.

Llegan entonces los diferentes frentes de la causa: Entre otros, las protestas contra la ley del divorcio que protegía a la familia como institución en lugar de defender los derechos individuales, la lucha por otro derecho como es el de decidir y por la necesidad del aborto libre y gratuito. Y en esa contienda también llegan las autoinculpaciones de 80 mujeres con el apoyo de otras mujeres y otros hombres en una campaña dura, larga y áspera.

Cuenta Ana que mucho antes, en su infancia y en su pueblo, Mataporquera, su madre estaba decidida a que ella heredara su oficio de modista. Cuenta también que se pasó un verano trabajando entre telas, hilvanes y pespuntes para demostrarle a su madre que podía hacerlo y, sobre todo, que no quería.

Sin embargo, cuando alguien la escucha dando cuenta de cómo ella junto a otras mujeres valientes y comprometidas pusieron algunos ladrillos más a la obra inacabada de colocar a la mujer en el lugar que por derecho corresponde, tiene la impresión de que Ana, en su rebeldía, y de algún modo, perpetuó aquel verano con los hilvanes de la dignidad.