Cuando tapar la Memoria a veces descubre las vergüenzas

La proposición no de ley que en días pasados presentó la extrema derecha de Cantabria para derogar la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Cantabria, recién nacida y con apenas recorrido, obtuvo por parte del Partido Popular, formación que por ahora dirige los destinos de la región, una inusitada e inmejorable acogida; sobre todo porque esta formación no necesitaba apuntalar los ardores falaces de los extremistas negacionistas que introdujeron en el debate la citada proposición. No lo necesitaba ni estratégicamente ni por exigencia parlamentaria, ya que teóricamente le sobran para gobernar, al contrario de lo que ocurre en otras comunidades autónomas.

¿Entonces qué motivación puede haber en el ánimo de una derecha que presume de democrática, y que ha tenido responsabilidades de gobierno en no pocas ocasiones, y por tanto se le ha de suponer suficiente experiencia para manejar estas cuestiones sin utilizar un recurso innecesario a las primeras de cambio?

¿De verdad que era imposible mejorar, o discutir al menos, los aspectos de la ley que considerase, utilizando la mayoría con que ahora cuenta?

¿Era necesario seguir al pie de la letra esa fiebre derogatoria que atenazó a su líder nacional cuando aún pensaba que las encuestas preelectorales eran el resultado real de las elecciones?

¿Realmente no percibe el Partido Popular que, al contrario de la generosidad de artificio que lucen cuando ganan elecciones, esa manía de derogar por derogar les sitúa en un extremo que habla poco y mal de esa vocación que manifiestan con la boca pequeña de gobernar para todos?

Desde luego el talante parcial, insolente, insultante y claramente sectario que han mostrado algunos de sus responsables en la región desde el mismo momento en el que se anunció la derogación de la ley dice muy poco de un partido que alguna vez, aunque no creemos que se acuerden, aspiró a parecerse mínimamente a la derecha democrática europea.

Podríamos pensar que se pasaron de frenada en el calor de la discusión y acabaron más a la derecha que la extrema derecha, pero lo verdaderamente preocupante es que con declaraciones incendiarias y desafortunadas como las protagonizadas en estos días por algún diputado regional y por la consejera de Cultura (¿de Cultura?), el Partido Popular, que no olvidemos fue creado por varios exministros franquistas, casi cincuenta años después, claramente, aún no se ha desembarazado de esa losa que corre el riesgo de perpetuarse, tanto como el olvido al que pretenden condenar a las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura. Al menos a las víctimas que aún permanecen en fosas desconocidas y que no fueron exhumadas, dignificadas, recordadas, vitoreadas y glorificadas por el régimen fascista que gobernó España hasta 1975. Paracuellos, señora consejera, Paracuellos. ¿Cuántas veces, señora consejera, hay que rendir homenaje a esas víctimas que ustedes recuerdan siempre como un mantra para que, de una vez por todas, dejen de procurar, con total impunidad y sin sonrojo, el olvido en fosas desconocidas a las otras víctimas, tan españolas como las anteriores?

El Partido Popular, o al menos muchos de sus dirigentes y militantes, debería hacer un ejercicio responsable de sinceridad y plantearse qué es el verdadero patriotismo y qué está defendiendo realmente cuando se sitúa en contra de la Memoria Democrática y a favor de los que modifican y falsean la triste historia de este país, con el único propósito de amparar el vergonzoso régimen que asoló España de 1939 a 1975 y del que, sin lugar a dudas, se sienten herederos.

Habilidades

,

Publicado el

13 de octubre de 2023