Torrelavega se convierte en la segunda ciudad y en el principal núcleo industrial de Cantabria tras un proceso que contempla la instalación de empresas intensivas en mano de obra, lo que configura una estructura industrial potente, pero frágil, que entra en crisis a partir de los años 70. Desde entonces, las fábricas de la ciudad verán reducirse progresivamente sus plantillas, o incluso cerrarse, como en el caso de la más emblemática: Sniace. La pujanza industrial propició un importante movimiento obrero, protagonista de numerosos conflictos laborales, con amplia repercusión en la vida ciudadana. Como elemento específico, en Torrelavega cuajó un sindicato de ámbito local que perduró, (el Sindicato Unitario);,en relación con este, fuerzas políticas de la izquierda radical también consiguieron una implantación apreciable y persistente, llegando a ostentar representación institucional en el Ayuntamiento de la ciudad durante varias décadas.
I. La industrialización
El proceso que culmina con la consolidación de Torrelavega como principal núcleo industrial de Cantabria arranca en el siglo XIX, pero experimenta su mayor impulso en la primera mitad del siglo pasado. Desde un pequeño núcleo rural, perteneciente al señorío de La Vega, y no mayor que las localidades de su entorno (Barreda, Polanco, Viérnoles, Cartes,…), Torrelavega se convertirá a lo largo del siglo XX en la segunda localidad de la región, y en la cabecera de una comarca con fuerte implantación industrial.
Varios factores explican la emergencia industrial de Torrelavega, vinculados fundamentalmente a la localización geográfica y a los recursos disponibles en el entorno:
La apertura del camino de Reinosa a Santander, a mediados del siglo XVIII, constituye el primer paso en la consolidación del corredor del Besaya como eje principal de comunicación con la Meseta, al tiempo que la intersección con el camino de la costa coloca a Torrelavega en una posición central privilegiada. Los dos ejes se vieron reforzados notablemente con la construcción de los ferrocarriles. En la década de 1860, el ferrocarril de Isabel II (la línea Alar-Santander, que enlazaba con el canal de Castilla) reforzó de manera casi definitiva el papel de la cuenca del Besaya como vía de comunicación principal para el transporte del trigo y las harinas de Castilla al puerto de Santander. Una línea de vía estrecha, a principios del siglo XX, unía, en paralelo a la costa, Cantabria con Asturias y Vizcaya, al tiempo que acercaba Torrelavega a Santander y a los municipios del entorno de la capital.

Imagen aérea de la fábrica de SNIACE en los primeros años 40. Aris Rosino/Desmemoriados
Si la localización devino un factor decisivo para la industrialización de Torrelavega, no fue el único. Otras ventajas vinieron dadas por la facilidad para el aprovisionamiento de agua: la confluencia del Saja y el Besaya en las cercanías del núcleo urbano facilitaba una disponibilidad indispensable para la actividad industrial, al tiempo que la cercanía del puerto de Requejada, en la ría de San Martín de la Arena, permitía la salida de la producción desde un lugar muy próximo. La abundancia de materias primas fundamentales en un entorno cercano sería otro factor esencial: a la sal de Cabezón y Polanco habría que añadir la composición predominantemente caliza de los montes de la zona, la cercanía de los yacimientos de hulla en Asturias, y, lo que vendría a constituir la implantación minero-industrial pionera en Torrelavega, los yacimientos de zinc.
De manera complementaria, la consolidación de una oferta educativa amplia, vinculada a los procesos productivos, contribuyó al desarrollo de la industria ubicada en Torrelavega: la Escuela de Artes y Oficios, la de Maestría Industrial, los centros de Formación Profesional, y no en último lugar de importancia, la Escuela Universitaria de Ingeniería de Minas, acompañaron y reforzaron el potencial industrial de la ciudad y su comarca.
De esta forma, Torrelavega alberga modestos equipamientos industriales ya desde fecha temprana, a lo largo del siglo XIX, vinculados a sectores de industria ligera, como el calzado, alimentación o textil. La fábrica de hilados de Campuzano es la que abre camino; le sigue una industria del calzado que tendrá un desarrollo más que relevante en Torrelavega, hasta su práctica desaparición ya en el siglo XX. No menor será la importancia de la industria lechera, que también tendrá en la capital del Besaya varías factorías (La Lechera Montañesa quizá fue la más destacada), en la estela de una feria de ganados que pasaría a ser la más importante del Norte de España.
La instalación de la Real Compañía Asturiana, de capital belga, en Reocín supuso el primer gran equipamiento minero-industrial en las cercanías de la ciudad, hacia mediados del siglo XIX, completado en 1929 con la fábrica de Hinojedo destinada a la elaboración de productos derivados del zinc, en la proximidad del puerto de Requejada. Un crecimiento sostenido permitió alcanzar una plantilla de 2.879 trabajadores en las instalaciones mineras en 1973; poco después inició un declive que culminó en el cierre definitivo en 2003.
Pero sin duda el gran salto de la industria en Torrelavega se va a producir en la primera mitad del siglo XX. Solvay, Bridgestone, Sniace y Aspla son las fábricas que van a dotar a Torrelavega de su carácter eminentemente industrial ello no solo por el importante volumen de empleo generado por las fábricas y sus equipamientos indirectos, sino por su capacidad para organizar el espacio urbano y también el comarcal, pues su impacto en el paisaje y en los usos del suelo periurbano será decisivo. Así, las iniciativas emprendidas por Solvay, con apoyo del estado, para hacerse con el suelo hasta entonces destinado al aprovechamiento agrícola, supusieron un auténtico hito, dada una estructura de la propiedad muy fragmentada que complicaba la adquisición de los terrenos. Pero la transformación no vendría solo derivada de la conversión del uso agrícola en industrial, sino de la capacidad de la empresa para alterar el paisaje de la comarca. Efectivamente, la necesidad de materias primas implicaría la explotación de las canteras de Cuchía, prolongada en el macizo del Dobra una vez agotadas las primeras. La huella de estas extracciones al aire libre es bien visible aún hoy, cuando la explotación en el municipio de San Felices, ya en el Valle de Buelna, continúa en activo. Solvay llegó a tener una plantilla de más de 2000 obreros en 1977, contando actualmente con 342 trabajadores, tras un ERE aprobado en abril de este mismo año que supuso el despido de 45 empleados. Solvay fue capaz de diversificar su producción, a través de una serie de empresas subsidiarias que permitieron una mejor adaptación a los cambios productivos y de los mercados. No han faltado conflictos laborales a lo largo de su historia, destacando quizá la huelga de 42 días en 1977, la más larga de la historia de Torrelavega hasta entonces, que culminó con la intervención del, entonces, ministro de Trabajo, Salvador Sánchez Terán. No obstante, no se articuló un movimiento obrero tan movilizado como el de Sniace, la fábrica, dedicada a la producción de celulosa y fibras artificiales, que más se ha vinculado con el crecimiento de Torrelavega a lo largo del siglo XX.
Aunque de carácter estrictamente privado, Sniace surge muy vinculada al régimen franquista inmediatamente después del final de la guerra civil. De entrada, porque en su construcción participaron presos obligados a trabajos forzados, y sobre todo porque fue declarada de interés nacional en 1940, con las ventajas consiguientes. Contó con el apoyo de Snia Viscosa, empresa italiana impulsada por el propio Duce. Sniace fue creciendo y sus instalaciones llegaron a ocupar 723.000 metros cuadrados; se especializó en la fabricación de rayón, un filamento textil obtenido de forma artificial con características parecidas a la seda. Entre 1955-56 comenzó la venta de cordel de rayón y se puso en marcha la concentración de lejías bisulfíticas residuales (procedentes de la celulosa). La entrada en funcionamiento en 1963 de las fábricas de pasta mecánica y de lilión (resina de poliamida), la instalación de la planta de secado en polvo y la ampliación de la depuradora de aguas en 1966, entre otras mejoras, completó el proceso de expansión.Sniace, al igual que Solvay en algunos aspectos, desarrolló en Torrelavega el tipo de capitalismo paternalista propio de la época. La fábrica no era solo el lugar de trabajo. La empresa facilitó vivienda a sus empleados, (segregadas en función del escalafón y del poder adquisitivo), escuela para los hijos de los trabajadores, equipamientos y asociaciones de carácter deportivo y hasta erigió una iglesia para el cumplimiento de los ritos religiosos. Llegó a contar con una plantilla de 3.000 trabajadores, que fue reduciéndose de forma gradual, pues desde finales de los años 80 atravesó numerosas dificultades. La crisis de la industria textil para la que trabajaba Sniace y la cada vez mayor importación de papel en España sumieron a la compañía en su primera gran depresión.
La Continental se implanta en Torrelavega en el año 1935; en 1952 se convierte en General y en 1976 en Firestone. En el año 1956 daba empleo a 364 personas y en 1973 a 2.534 trabajadores. El fuerte crecimiento de los años 50 y 60 se ve frenado desde 1974. En 1988 pasa a manos de la multinacional japonesa Bridgestone, especialista en la fabricación de neumáticos para vehículos agrícolas. Ha sufrido desde entonces varios procesos de reconversión, con la aprobación de sendos EREs en 1991 y 2025 y un plan de reestructuración en 2010, que han ocasionado una importante reducción de la plantilla. En la actualidad, cuenta con 229 empleados
ASPLA (Plásticos Españoles, S.A.) pertenece al Grupo Armando Álvarez, propietario de un buen número de empresas. Se trata de una entidad con elementos singulares, que participa de características propias de la gran empresa tradicional partiendo de unas dimensiones modestas. Cuenta actualmente con 485 trabajadores. Trabaja en la fabricación de plástico y la transformación de la madera. Su expansión se vio favorecida por la conexión con las grandes empresas de Torrelavega: con Solvay (aprovecha los productos plásticos y fabrica envases a partir del PVC) y Sniace (suministra madera). Tras una gran expansión en los años 70, mantiene el empleo en las épocas de crisis. Ha superado un grave conflicto en 2023, cuando la plantilla respaldó masivamente una huelga que se prolongó durante 50 días.
II. El movimiento obrero
Una ciudad y una comarca con tan fuerte impronta industrial necesariamente ha contado con un movimiento obrero poderoso. Las fábricas de Torrelavega, y la ciudad en torno a ellas, han vivido luchas obreras que han marcado su historia. Tanto Solvay como Bridgestone o Aspla han experimentado conflictos duros, tanto en intensidad como en duración temporal, que hablan del fuerte arraigo del movimiento obrero en la ciudad. Pero sin duda fue Sniace la que marcó con sus luchas en mayor medida, en correspondencia con el peso del empleo y con la incidencia de la fábrica en la vida ciudadana. Si ya en el franquismo se vivió algún episodio conflictivo, (véase nuestro artículo “Lo divino, lo humano y el sermón de Paco Pérez. Otras historias de 1968“), fue a partir de la transición, y prácticamente de forma sincopada hasta su cierre definitivo, cuando los trabajadores de Sniace defendieron con ahínco sus puestos de trabajo y la continuidad de una empresa en serias dificultades habitualmente desde los años 80. El encierro de 47 días protagonizado por la mayor parte de su plantilla en 1993 puede ser el hito más llamativo, pero no fue el único ni el último.
Junto a las dificultades generadas por la competencia y la propia evolución del sector, el carácter extraordinariamente contaminante de Sniace fue reduciendo las posibilidades de supervivencia de la factoría, al menos en las condiciones en que había fundamentado su desarrollo. Las dificultades para cumplir la legislación en materia de contaminación obligaron a la búsqueda de alternativas, en forma de reconversión productiva, que no llegaron a cuajar, pese a las varias propuestas que se manejaron. Si Sniace no cerró hasta 2023, se debió principalmente a la tenaz lucha de sus trabajadores, movilizados recurrentemente para evitar una clausura que al final acabó por producirse.
El movimiento obrero torrelaveguense contó con un factor diferencial: la presencia, junto a Comisiones Obreras (CCOO),Unión General de Trabajadores (UGT) y Unión Sindical Obrera (USO), de un sindicato de ámbito prácticamente local, que se mantuvo en el tiempo, hasta el punto de que aún hoy aún tiene implantación en alguna empresa de la zona. Se trata del Sindicato Unitario, que tiene su origen en el sindicato de este nombre que surge en 1977 a raíz de la consolidación de CCOO como un sindicato estructurado partiendo del movimiento asambleario gestado en la década anterior. La oposición a las “nuevas” CCOO vino sobre todo de dos partidos maoístas, Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) y Partido del Trabajo de España (PTE), que no compartieron un rumbo que consideraban subordinaba el sindicato a los intereses del Partido Comunista de España (PCE). La respuesta fue la formación de dos sindicatos, de vocación unitaria como delataban sus nombres, impulsado cada uno de ellos por los partidos citados: El Sindicato Unitario (SU) por la ORT y la Confederación Sindical Unitaria de Trabajadores (CSUT) por el PTE. Lógicamente, la fuerza y la implantación de estos dos sindicatos fueron directamente proporcionales a las de sus partidos inspiradores. Si su implantación en el conjunto de España fue más bien débil es indudable que fueron capaces de conformar estructuras sólidas en algunas empresas y/o en algunas zonas. Es el caso de Torrelavega, donde la ORT había adquirido cierto peso, lo que propició no solo la presencia del SU en algunas de sus empresas, sino también una persistencia ciertamente notable teniendo en cuenta la desaparición de su referente nacional y su reducción a una organización de ámbito estrictamente local. El SU consiguió una implantación significativa en Solvay, y sobre todo en Sniace, donde su principal líder, José María Gruber, fue uno de los referentes de las sucesivas luchas.
La persistencia de ese núcleo vinculado a la izquierda radical dio origen igualmente a fuerzas políticas de ámbito también local, que mantuvieron una presencia en la ciudad, llegando a tener una representación institucional prolongada en el tiempo. Efectivamente, primero el Bloque Asambleario de Torrelavega (BAT) y posteriormente la Asamblea Ciudadana por Torrelavega (ACPT), tuvieron presencia en el Ayuntamiento de Torrelavega, representando una fuerza a la izquierda no solo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), sino también de Izquierda Unida (IU). Combinando una propuesta política radicalmente izquierdista con una fuerte impregnación de cierta identidad local, basada en parte en la contraposición de una ciudad industrial y obrera frente a la capital, burguesa y conservadora, este sector supo captar una parte de la juventud y de trabajadores de las industrias de Torrelavega. Su actividad política se basaba en un discurso radicalmente anticapitalista, lo que incluía una dura crítica a las fuerzas políticas y sindicales que, según esta perspectiva, habían abandonado la lucha por la transformación de la sociedad a cambio de su integración en las instituciones y, en definitiva, en el sistema, que se rechazaba por injusto en lo económico y por no responder a una auténtica democracia en lo político. Se puede incluir en este marco otra fuerza sindical de origen torrelaveguense, extendida luego al conjunto de Cantabria, pero limitada al ámbito de la enseñanza pública no universitaria. Se trata del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de Cantabria (STEC), que nació en 1980 en Torrelavega y su comarca, y que fue construyendo una organización de carácter asambleario, también radical en sus propuestas y muy crítica con el sindicalismo tradicional representado por CCOO y UGT. Su implantación ha sido particularmente fuerte en los centros de Primaria y Secundaria de la comarca del Besaya, pero ha llegado a ser primera fuerza sindical de la enseñanza pública no universitaria en Cantabria desde 1996 hasta la actualidad.

Manifestación de los trabajadores de Firestone durante la lucha por el convenio colectivo en mayo de 1978. Archivo PTE Cantabria/Desmemoriados
La traslación política de este componente obrero de la ciudad se ha plasmado en la hegemonía del PSOE, que triunfó en todas las elecciones municipales celebradas desde 1979 hasta 2007. En 2011 el Partido Popular (PP) se impuso por primera vez, aunque es cierto que entre 1999 y 2003 había gobernado F. Javier López Marcano, del Partido Regionalista de Cantabria (PRC), en virtud del acuerdo alcanzado con el PP. En las últimas elecciones, celebradas en 2023, el partido más votado ha sido el PP (25,56% de los votos), seguido muy de cerca por PRC (22,31%) y PSOE (22,55%). Aunque los resultados oscilan en función de la coyuntura política, la tendencia en las últimas décadas viene a poner de manifiesto que la hegemonía socialista ha dejado de ser una constante. En Torrelavega, como tantos otros núcleos, los partidos de izquierda han perdido apoyo a medida que la industria y sus trabajadores han dejado de ser los protagonistas principales de la vida urbana.
Referencias bibliográficas
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