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MILITANCIAS DE LARGO RECORRIDO. POLÍTICA Y MOVIMIENTOS SOCIALES

La transición y los años 80 fueron tiempos de continuas y fuertes movilizaciones. Reivindicaciones capitales como libertad, amnistía, legalización de todos los partidos políticos, una Constitución democrática, Estatutos autonómicos, etc. caracterizaron la segunda mitad de la década de 1970. Los 80 fueron testigo de fuertes movilizaciones como las campañas contra la entrada de España en la OTAN, la objeción de conciencia, la despenalización del aborto, contra el desmantelamiento industrial… La pujanza de los movimientos sociales llegaba a impregnar el discurso político. No se entiende esta época sin la lucha de los de grupos ecologistas, el feminismo, la solidaridad o el sindicalismo. En este nuevo ciclo de militancias queremos prestar atención a los testimonios de 4 personas que participaron activamente en discurrir de aquellos años.

 

 

18 de octubre. Floren Enríquez (Torrelavega, 1955)

 

De los 12 a los 19 años estudió en las Universidades Laborales de Zamora y Cheste. Desde los 14 años colaboró  en la Parroquia de La Asunción, cuyo párroco era  Cristóbal Mirones (Abionzo, 1931), como monitor con niños en los períodos vacaciones. Con  15 años se incorporó  a la HOAC. En la Universidad Laboral de Zamora empezó  a militar en los Círculos Obreros Comunistas y en la Organización de Izquierda Comunista (OIC). Fue detenido en 1974 por protestar por las malas condiciones de vida que tenían en la Universidad Laboral de Cheste y fue expulsado. Terminó sus estudios de Magisterio en Santander, donde contactó  con militantes del MC, organización con la que la OIC se estaba fusionando. En 1979 aprobó  las oposiciones de maestro y participó  en la creación del Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza (STEC), formando  parte de la ejecutiva hasta 1995. A partir de ese momento,  se incorporó a la Asociación Ecologista Alcaraván, que se integró  en 1998 en Ecologistas en Acción.

 

 

25 de octubre. Felipe González Bello (Santander, 1956)

 

Su infancia y adolescencia transcurrieron en Maliaño. Empezó luchando activamente contra la implantación del examen de Selectividad. Cuando estudiaba Magisterio, militó en la Joven Guardia Roja y el Partido del Trabajo de España, del que formó parte de la Ejecutiva en Cantabria. Presidió la Junta Promotora del Sindicato Democrático de Estudiantes Universitarios que intentó organizar, en el mes de agosto de 1976 en Santander, la Semana de Solidaridad de las Universidades Europeas con la Universidad Española y el Festival de los Pueblos Europeos, finalmente prohibidos. Conoció la Dirección General de Seguridad tras resultar detenido en Madrid junto a casi un centenar de compañeros en una reunión de los Delegados de las Escuelas de Magisterio. Estuvo afiliado a la Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores (CSUT) durante dos años, hasta su desaparición. Tras la disolución del PTE (después de un proceso de unidad orgánica con la Organización Revolucionaria de Trabajadores) y su incorporación al mundo laboral se afilió a la UGT, en la que formó parte de la Ejecutiva desde 1986 a 1990. Ha sido Presidente del Comité de Empresa del Gobierno de Cantabria durante ocho años. En los años noventa militó en Izquierda Unida de Cantabria y más tarde en el PSOE, partido en el causó baja hace unos cinco años. En la actualidad compatibiliza su jubilación parcial con el trabajo en el Organismo de Resolución Extrajudicial de Conflictos Laborales (ORECLA) como mediador por la parte social.

 

 

8 de noviembre. Carmen Díez (Santander, 1961).

Licenciada en Bellas Artes. Hacia mediados de los ochenta formó parte activa del movimiento antimilitarista en el MOC. Paralelamente intervino en la lucha por la defensa del medio ambiente y la preservación de espacios naturales, como Oyambre;  así se integró en el Grupo Ecologista Asambleario (GEA) y posteriormente en la Coordinadora Ecologista.  Estuvo en el inicio del proyecto y vivió durante 17 años en la Casa de la Paz de Santa Ana, en El Soto. En los años noventa entró en Brigadas Internacionales de Paz (PBI), organización cuyo objetivo es la protección del espacio político de personas y organizaciones que promueven los Derechos Humanos y que sufren represión por esta causa. Participó en el equipo de El Salvador, en el de Guatemala y finalmente, tras un periodo de estancia en Chiapas, coordinó la apertura de un equipo en el estado de Guerrero, en el sur de México, donde permaneció durante nueve años. A su vuelta formó parte durante dos años de Protection International (PI), organización que apoya a activistas pro derechos humanos en aquellos lugares donde se encuentran en situación de riesgo.

 

 

15 de noviembre. Juantxu Bazan (Castro Urdiales, 1.956)

 

Es sociólogo y licenciado en Derecho. Director de la Escuela Taller de Castro Urdiales desde 1988. Su militancia, muchas veces disidente, ha estado  marcada por una incesante preocupación por un urbanismo  sostenible para el municipio de Castro Urdiales. Se inició en 1976  frente al proyecto urbanístico de Castro Novo. Lucha vecinal que califica como “la historia de una frustración”, ya que tras largas e intensas movilizaciones se consiguió someter a una consulta popular (16 de diciembre de 1979), en la que los partidarios del NO al proyecto urbanístico vencieron por mayoría, y sin embargo el proyecto se ha mantenido hasta la actualidad. Ha militado en ICU (Izquierda Castreña Unida) entre 1979 y 1982 y ha sido activista de varias plataformas por la defensa del medio urbano y natural (Plataforma para Salvar Cotolino, Plataforma para Salvar la Peña de Santullán, Plataforma para Salvar la Bahía…). Entre 2003 y 2010 formó  parte de la asociación ciudadana Otro Castro es Posible, de la que fue presidente en sus últimos años, asociación que se extinguió  para fundar CastroVerde, siendo uno de los cuatro concejales que consiguió este partido en las elecciones locales de 2011. En abril de 2017 se da de baja de CastroVerde, tras dos años de gobierno municipal,  en desacuerdo con el abandono del ideario verde de esta formación y en especial por la aprobación del convenio urbanístico con la Fábrica de Lolín. Desde hace cuatro años milita en Equo Cantabria, y es responsable de Urbanismo y Medio Ambiente de la Mesa de Coordinación.

Los estudiantes y la larga travesía: de la de la postguerra al final de la transición

Con el final de la guerra civil y la implantación del nuevo régimen, el nacional-catolicismo se convirtió en el plan de estudios de los niños de la época. Se establecía que la enseñanza tenía que ser “confesional, patriótica, social, intelectual, obligatoria, gratuita, con separación por sexos y en castellano en todo el Estado”. La educación se imbuía así de los rasgos distintivos del bando triunfante, enmarcada dentro de una política fundamentada doctrinalmente en el derecho de la victoria, según refería el propio Franco.

Los proyectos educativos de la República fueron abandonados y muchos maestros fueron condenados, depurados y obligados a abandonar su profesión. El ministro de Educación Nacional, hasta 1951, fue Ibáñez Martin. La inicial disputa interna que se planteó entre Falange y la Iglesia española por el control de la enseñanza se saldó a favor de la segunda, que impuso su ideario y principios, en los que se abundará más adelante.

Sin embargo a mediados de los cincuenta la situación estudiantil en nuestro país empezaría a cambiar. Los movimientos estudiantiles se convirtieron en uno de los principales aglutinadores del descontento de la juventud contra la dictadura. La llegada a la Universidad de los hijos de la emergente clase media aportó nuevos aires a la anquilosada vida académica española. En 1956 los enfrentamientos en Madrid, entre universitarios y miembros del Sindicato Español Universitario (SEU) pusieron de manifiesto el descontento que ya era evidente en los campus.

El régimen resolvió la crisis con el cese de Ruiz-Giménez, ministro de inspiración cristiana que había intentado una moderadísima apertura en el cerrado mundo franquista.

A partir de entonces, no obstante, se fueron sucediendo las algaradas y los enfrentamientos con la Policía Armada cada vez  con más asiduidad por parte de cientos de estudiantes , añadido a las protestas de muchos profesores, lo cual desembocó en 1965 con la separación “definitiva” de la Universidad de los profesores López Aranguren, García Calvo y Tierno Galván (aunque este castigo se anuló en 1976, con Franco ya muerto) y una sanción de dos años para los profesores José María Valverde y Antonio Tovar; en todos los casos  por “una falta grave de disciplina académica”, que en realidad escondía el apoyo por parte de los profesores mencionados a las protestas estudiantiles que aquel año se estaban sucediendo en la mayoría de las universidades españolas

Especial influencia tuvo en el movimiento universitario el Mayo del 68 parisino que hizo alentar nuevas esperanzas entre los estudiantes y. al mismo tiempo, incrementar el temor de las autoridades que no dudaron en endurecer la represión.

La muerte del joven universitario y militante del Frente de Liberación Popular (FeLiPe) Enrique Ruano a manos de la Brigada político-social en enero de 1969 agitó aun más las protestas universitarias.

El asesinato de este joven estudiante de Derecho no se zanjaría en los tribunales hasta 1996 con la absolución de los tres policías que le custodiaban pese al reconocimiento por parte del tribunal de que la causa de la muerte había sido un disparo hecho por los propios agentes y no el suicidio como había mantenido hasta ese momento el Ministerio del Interior (Ministerio de Gobernación hasta 1977).

En los últimos años del franquismo las movilizaciones estudiantiles fueron perdiendo fuelle dejando el protagonismo a sectores más amplios de la oposición (trabajadores, partidos, nacionalistas vascos, grupos de la Iglesia católica…), coincidiendo con un endurecimiento del régimen

En los niveles no universitarios, la educación de los más jóvenes estuvo desde la postguerra  en manos de las escuelas públicas, escuelas privadas y centros religiosos. La segregación por sexos, la moral preconciliar, la formación del espíritu nacional o la asignatura de Hogar dejaban bien a las claras el papel que se asignaba en el futuro inmediato al alumnado. Sin duda fueron tiempos de oscuridad y temor donde nos hicieron creer que “el mundo, el demonio y la carne” campaban  a sus anchas intentando corromper las virtudes de los buenos españolitos.

Hasta bien entrados los años 60, la retórica oficial que hacía de España “la reserva espiritual de Occidente”, iba a ser una constante tanto en la vida educativa como en el devenir cotidiano.  Solo hay que recordar las tenebrosas Semanas Santas, los libros prohibidos o la obligación de los colegiales de asistir a los distintos oficios religiosos. El control social constituyó uno de los elementos clave que explican la longevidad del franquismo.

En 1970 la reforma educativa de Villar Palasí modernizó el programa educativo. La Educación General Básica, el Bachillerato Unificado Polivalente o la Formación Profesional y el Curso de Orientación Universitaria iban a sustituir al antiguo Bachillerato y Preuniversitario.

Con esta evolución en el mundo educativo entramos en la transición y no fue hasta 1979 cuando tuvo lugar la primera huelga universitaria, apoyada también por los estudiantes de enseñanzas medias, contra el gobierno de la UCD.

La llamada Ley de Autonomía Universitaria fijaba la selectividad como forma de acceso, incrementaba el precio de las tasas, facilitaba la privatización etc. en contra de la opinión mayoritaria de los estudiantes. En diciembre de 1979 se produjeron manifestaciones y protestas en toda España. La fotografía que ilustra este artículo fue tomada en esos días frente al Instituto de Enseñanza Media José María Pereda de Santander.

El día 13, en Madrid, al atardecer, se unieron estudiantes y trabajadores, estos últimos en manifestación contra el anteproyecto del Estatuto de los Trabajadores, sucediéndose los altercados. Como consecuencia de los mismos dos jóvenes resultaron muertos por disparos de la Policía. Se trataba de Emilio Martínez Menéndez y José Luis Montañés Gil.

Al día siguiente hubo movilizaciones en todo el país. La Universidad de Santander (que así se llamó la institución desde el establecimiento del distrito universitario, en 1971, hasta la denominación de Universidad de Cantabria, en 1985) se declaró en huelga el día 14 secundada por los institutos y el día 15 fue disuelta una manifestación por el centro de la ciudad. Tres alumnos de la Universidad fueron detenidos por colocar carteles contra la actuación policial. La tensión no disminuía, y un grupo de estudiantes fue recibido por el alcalde de la ciudad, Hormaechea Cazón, para que los jóvenes pudieran presentar sus quejas. En ese tiempo, tal y como se refleja en la prensa diaria, se celebraron multitudinarias Asambleas de Distrito, las más populosas que han tenido lugar hasta nuestros días.

A nivel estatal la confrontación fue en aumento y llego a su cima cuando la extrema derecha, bajo el amparo de las cloacas del Estado, secuestra y asesina a Yolanda González, líder del movimiento estudiantil en Madrid.

A las protestas juveniles hay que unir las críticas  de los profesores universitarios .Desde los no numerarios hasta los catedráticos el rechazo a la ley fue casi unánime entre los docentes. Por fin, en 1982, el gobierno retiro del Parlamento tan controvertida ley.

Desde entonces hasta ahora todas las reformas educativas han sido acogidas con recelo y en medio de grandes polémicas, pero, sin duda, los recortes en la enseñanza pública del actual gobierno han conseguido movilizar a grandes sectores aglutinados en las llamadas “marchas verdes”. Por el contrario en los centros concertados, mayoritariamente en manos de la Iglesia, las movilizaciones han tenido poca repercusión debido al escaso impacto que las medidas gubernamentales han tenido en su labor.

 

Un blindado llamado ‘Santander’: Los españoles que entraron en París

El 24 de agosto de 1944 fue el último día en el que la ciudad de París estuvo ocupada por los nazis. Las tropas alemanas habían invadido oficialmente la mitad de Francia, incluyendo la capital, el 22 de junio de 1940, fecha en la que Adolf Hitler exigió que la firma del armisticio se realizara en el mismo vagón ferroviario en el que, veintidós años atrás, Alemania había rendido armas a las tropas aliadas, concluyendo de ese modo la llamada Primera Guerra Mundial. El general Pétain, héroe francés en esa contienda, fue el artífice por parte gala de esa claudicación, formando a partir de entonces un gobierno, el de Vichy, que durante los años que siguieron colaboró abiertamente no solo con el Tercer Reich, sino también con la España fascista de Franco.

En la tarde del mencionado 24 de agosto, la población de París contempló alborozada cómo varios blindados (half-tracks) conducidos por soldados con uniforme estadounidense, acompañados por integrantes de la Resistencia, avanzaban desde las afueras de la ciudad, siguiendo el curso del Sena, hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento.

Sin embargo, aquellos soldados, en su gran mayoría, hablaban castellano en lugar de francés o inglés y en su uniforme americano lucían una pequeña bandera con los colores de la República Española. La misma bandera que adornaba los propios vehículos que conducían, que además llevaban escritos en la carrocería nombres tan netamente españoles como Guadalajara, Madrid, Ebro, Teruel, Don Quichotte, Jarama, Guernica, Brunete, Belchite y Santander, entre otros. Se trataba de la avanzadilla de la 9ª Compañía de la 2ª División Blindada de la Francia Libre del General De Gaulle, conocida popularmente como la División Leclerc y formada casi íntegramente por republicanos españoles bajo mando francés.

El primer blindado en llegar a la plaza fue el “Guadalajara” y a continuación los restantes, situándose estratégicamente alrededor. A continuación, el capitán Amado Granell, antiguo oficial de la República en la guerra de España, accedió al edificio del Ayuntamiento para reunirse con los jefes de la Resistencia del Interior, que estaban esperando y los cuales se mostraron bastante sorprendidos ante aquel militar al que inicialmente habían supuesto francés. Eran las 9 horas y 22 minutos de la noche.

A partir de entonces los hechos se sucedieron vertiginosamente. Las tropas de La Nueve durante esa noche fueron tomando diversos edificios en los que se atrincheraban los últimos defensores alemanes hasta llegar, en la mañana del día siguiente, al hotel Meurice, en el cual se encontraba el puesto de mando del gobernador militar de París, general Von Choltitz, que al verse encañonado por los soldados españoles pidió la presencia de un oficial para proceder a su rendición según las leyes de la guerra.

El día 26 de agosto, por fin, una vez tomado el control de la ciudad, el grueso de las tropas aliadas entró triunfante en París. Ese mismo día los blindados de La Nueve, como homenaje a los primeros soldados que habían entrado a la capital, escoltaron al general De Gaulle en el Desfile de la Victoria por los Campos Elíseos.

Sin embargo, para los aproximadamente 150 españoles que formaban La Nueve en sus inicios, la entrada en París fue solamente un paso más en su intento de derrotar al fascismo y ganar, posteriormente, la libertad de su país. Antes quedaba el durísimo avance y los sangrientos combates junto con el resto de tropas aliadas hasta el corazón del imperio de Hitler cruzando el Rin y el Danubio. Cuando llegaron a Berschtesgaden, al sur de Salzburgo, y pisaron la residencia de montaña del Führer en el célebre Nido de las Águilas, a 1800 metros de altura, apenas quedaban 16 de ellos.

Pero, ¿quiénes eran ellos?, ¿qué les había impulsado para llegar hasta allí?

En 1939, con la derrota, miles de combatientes republicanos tomaron el camino del exilio. Muchos de ellos cruzaron la frontera hacia Francia. Otros, los que tuvieron suerte, embarcaron en el puerto de Alicante en el navío Stanbrook, el último en realizar la travesía hacia el norte de África. En la mayoría de los casos acabaron siendo víctimas de la injusta brutalidad del gobierno francés, que los confinó en campos de concentración como Argelés Sur Mer a lo largo del sur de Francia o en el desierto argelino. Muchos de ellos murieron víctimas de las durísimas condiciones y de los trabajos forzados.

A los supervivientes, ante la ocupación de Francia por parte de los nazis, el gobierno de Vichy les puso en la disyuntiva de enrolarse en la legión extranjera o ser devueltos a España. La mayoría, por motivos obvios, ingresó en el cuerpo militar. Con posterioridad, a partir de que el general De Gaulle, desde su exilio en Londres, se declarara insumiso al gobierno colaboracionista de Pétain y formara lo que se dio en llamar la Francia Libre, los refugiados españoles se vieron en la tesitura de tomar otra importante decisión. Paulatinamente fueron desertando de la Legión Extranjera o abandonando subrepticiamente los campos de trabajo para incorporarse al cuerpo de ejército que De Gaulle estaba formando en las colonias africanas, por mediación del general Leclerc, para sumarse a la lucha que los ejércitos de Inglaterra y Estados Unidos iban a enfrentar contra el dominio alemán.  Muchos de ellos se integraron en La Nueve, pero también engrosaron otras Compañías del ejército de Leclerc.

De este modo, una cantidad innumerable de republicanos, en su mayoría anarquistas, contemplaron la oportunidad de combatir contra aquellos que los habían derrotado en tierras españolas. El primer paso, en sus anhelos, sería liberar Europa de fascistas y posteriormente regresar a su país para acabar con el franquismo. De algún modo, interesadamente, los mandos franceses alentaban esas esperanzas. No en vano se encontraron con una fuerza combatiente experimentada a la que movía la certidumbre de liberar España.

Dibujo de Héctor Herrería

Dibujo de Héctor Herrería

Las acciones iniciales, en las que La Nueve es una importante fuerza de choque, se producen en las batallas que deciden el curso de la guerra en el frente del norte de África, donde se derrota a las tropas de Rommel y sus aliados italianos en lugares como Kufra y El Alamein, acabando de este manera con el dominio del Eje en las colonias africanas. Posteriormente las divisiones de De Gaulle son acantonadas en espera de su traslado hacia Inglaterra, donde sigilosamente se está tramando el desembarco de Normandía y a donde los soldados de la Nueve y sus blindados con nombre español llegarán en una segunda oleada para, tras no pocos combates, tomar rumbo hacia París.

 

En el blindado llamado “Santander” se encuentra un joven que tiene por nombre Faustino Solana al que, según indica Evelyn Mesquida en su libro sobre La Nueve, apodan “Canica” y también “El Montañés”. Nació en Santander en 1914 y durante la guerra de España lucha en el Frente Norte, aunque al caer Asturias sale en un barco hacia Burdeos. Posteriormente regresa a Barcelona y combate en un batallón alpino. Al finalizar la contienda vuelve a Francia y es recluido en un campo de concentración. Más adelante se enrola en la Legión Extranjera y es enviado al norte de África. Dos años después deserta llevándose una cantimplora y un fusil para integrarse en las tropas de la Francia Libre de Leclerc. Tras la toma de París es herido en los alrededores de Berschtesgaden. Al finalizar la guerra, con la desmovilización y el convencimiento de que los aliados van a desistir de liberar España, decide quedarse en Francia.

Sobre Lucas Camons Portilla, también integrante de La Nueve y tripulante del blindado “Guernica” con el grado de sargento-jefe, ha existido mayor controversia, dado que Evelyn Mesquida indica en su libro que es andaluz. Sin embargo, Jesús Gutiérrez Flores y Enrique Gudín de la Lama en el trabajo denominado “Cuatro derroteros militares en la Guerra Civil en Cantabria” mencionan a su hermano, Eduardo Camons Portilla, como originario de Arnuero (Cantabria) y comandante del batallón 117 de la División 54 de Navamuel, que combatió en el Frente Norte. De Lucas señalan que tras la Guerra de España se alistó en la Legión francesa, combatió contra el Afrika Korps de Rommel y entró en París en un tanque como miembro de la División Leclerc.

Posteriormente Mesquida, tal como aparece en un artículo de El Diario Montañés del 22 de octubre de 2014, manifiesta que tras la publicación del libro llegaron nuevos documentos a sus manos que sitúan a Lucas Camons como nacido en Santander.

Hoy en día, las penalidades y la gloria de Faustino Solana, de Lucas Camons y del resto de sus compañeros de La Nueve son apenas conocidas en España (y por ende en Cantabria), empeñado en ocultar o solapar una gran parte de la historia reciente. En Francia, tras el homenaje a sus acciones que supuso el Desfile de la Victoria del 26 de agosto de 1944 se fue olvidando deliberadamente la generosa contribución de aquellos españoles a la libertad del país vecino, con el objeto de ofrecer un rostro netamente francés a la victoria. Y, aunque recientemente se están dando algunos pasos en uno y otro país para recordarlos con diversos homenajes, el olvido prevalece.

El silencio es un agravio más en la lista de los agravios.

 

*Las ilustraciones han sido realizadas por Héctor Herrería.

 

 

 

 

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