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OTAN, de entrada NO, o las piruetas del Poder.

“Nuestro partido no asume la decisión de integrarse en la OTAN, y, por consiguiente, estará en contra de la misma, con las consecuencias históricas que tenga mantener una coherencia lógica entre lo que decimos y lo que pensamos hacer”.

Este discurso, manifestado por Felipe González, secretario general del Partido Socialista Obrero Español, el 6 de octubre de 1981 en la Comisión de Exteriores del Parlamento era el que marcaba la pauta de los planteamientos que dicho partido se arrogaba entonces respecto a la cuestión de la pertenencia de España a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Claro que, en aquellos momentos, ni Felipe González ni su partido tenían aún responsabilidades de gobierno.

Claro que entonces, el PSOE de Felipe González, el que había salido del Congreso de Suresnes cambiando su orientación política, presumía (como sigue haciendo por otra parte, aunque cada vez con menos éxito, en cuanto se encuentra en el congelador de la oposición) de ser el líder abanderado de la izquierda española.

Lo cierto es que España ya se encontraba vinculada con la Alianza Atlántica desde 1953, fruto de los acuerdos bilaterales del régimen franquista con Estados Unidos. Y de hecho el país americano había intentado la consolidación de este ingreso en mayo de 1975, aunque su propuesta fue rechazada por el resto de los países aliados argumentando la ausencia de democracia en el estado español.

No obstante fue, una vez fallecido Franco, cuando los gobiernos de UCD solicitaron y obtuvieron, pese a la oposición manifiesta de todo el arco de izquierda de la política española y gran parte de la población, la adhesión a la alianza defensiva occidental.

En octubre de 1981, fecha en la que se enmarca la cita del secretario general del partido socialista que inicia este artículo, se producen los debates previos en el parlamento español. Alianza Popular, Unión de Centro Democrático y los nacionalistas vascos y catalanes apoyan la propuesta de adhesión mientras que las fuerzas de izquierda se oponen a la misma. No obstante, el 30 de mayo de 1982, bajo el gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo y tras el quebranto moral que supuso la intentona golpista de febrero de 1981, España  se convierte en miembro de pleno derecho de la OTAN.

Sin embargo, meses después, en octubre de 1982, el Partido Socialista Obrero Español se alza con la victoria en las elecciones generales por mayoría absoluta, lo cual en el imaginario de la población con ideología progresista debía suponer la salida inmediata del Tratado Atlántico.

Felipe González, máximo dirigente del partido vencedor y próximo presidente de gobierno, había manifestado en reiteradas ocasiones su notoria negativa a la adhesión de España y su deseo de que se realizara un referéndum “por respeto a la opinión pública”, llegando a señalar que “del mismo modo que hemos dicho ‘de entrada, no’ estamos dispuestos a decir ‘de salida, si” (el documento que ilustra esta crónica es precisamente la reproducción de una octavilla que el PSOE lanzó en 1982 con su famoso “OTAN, de entrada NO, y que la Asamblea para la Paz y el Desarme reeditó posteriormente, dentro de la campaña para exigir al Gobierno de Felipe González la convocatoria del Referéndum. En ella se concluía: “Los riesgos de ingresar en la OTAN son evidentes; la cesión de soberanía que conlleva, también. Ninguna persona responsable puede negar la trascendencia de esa decisión, que afecta directamente a la vida de 36 millones de ciudadanos… Por eso, nos amparamos en la Constitución y exigimos la celebración de un Referéndum, cuyo resultado respetaremos como demócratas”).

Lo que ocurrió más tarde, ya con el PSOE gobernando, debería incluirse en los anales de la práctica política inconsecuente o, a mayores, en algún tratado sobre el “misterio bufo”.

No se sabe muy bien si al ejecutivo socialista le dio un ataque extremo de responsabilidad gubernativa, si las presiones fueron tremendas e insoportables, si tuvo alguna revelación divina, si se abrió un futuro personal para algunos imposible de rechazar o si, como se dijo en su momento, a los socialistas les vincularon la permanencia en la OTAN con su aspiración de acceso a la Comunidad Económica Europea. El caso es que el Partido Socialista Obrero Español cumplió a las mil maravillas con el dicho carpetovetónico de que “donde dije digo, digo Diego”. Además, en el colmo de lo prodigioso y como muestra de que hay que saber colocarse en el panorama mundial, pasando el tiempo, como ejemplo del “trabajo bien hecho”, dispuso en sus filas del primer español, socialista él, nombrado Secretario General de la OTAN, en la persona del ex ministro Javier Solana, que ostentó el cargo entre 1995 y 1999.

El miércoles, 12 de marzo de 1986, casi tres años y medio después de haber ganado las elecciones, lo cual expresa a las claras la ausencia de interés gubernativo por cumplir con su promesa, y tras numerosas manifestaciones por parte de los grupos anti-OTAN exigiendo su cumplimiento, se celebró el referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN al que el gobierno se había comprometido, sin embargo su postura (y la del partido político que lo apoyaba) era completamente distinta a la que había mantenido mientras estuvo en la oposición. Y en aras de esta transfiguración puso toda su maquinaria a funcionar. No ahorró detalle. Desde el chantaje que suponía la promesa de dimisión de Felipe González como presidente de gobierno, lo cual dejaba en el aire una amenaza de debacle en el futuro del país, hasta un estudio pormenorizado de las preguntas que se iban a realizar en la consulta, de tal modo que fueran lo suficientemente convincentes para arrimar el ascua a las nuevas pretensiones socialistas. En este cambio de traje, el PSOE, que antes había afirmado que la OTAN albergaba dictaduras como las de Grecia, Portugal o Turquía, no tenía sonrojo después en decir que reunía a países genuinamente democráticos.

Durante la campaña aparecieron en los periódicos cartas firmadas por personalidades mediáticas proclives a la permanencia, tales como Jaime Gil de Biedma, Rafael Sánchez Ferlosio (que luego tuvo el buen gusto de arrepentirse), Amancio Prada, Juan Marsé, Luis Antonio de Villena, Blanca Andreu, Santos Juliá, José María Guelbenzu, José Miguel Ullán, Assumpta Serna, Alvaro Pombo, Adolfo Domínguez, Sancho Gracia, etc. Incluso el ínclito periodista deportivo José María García, entonces mayoritariamente seguido por las mesnadas futboleras de este país, aprovechó su aparición en un programa televisivo de máxima audiencia para hacernos partícipes, sin venir a cuento, de su posición favorable a las tesis del gobierno.

Mientras tanto, y durante los años que transcurrieron entre el decreto firmado por UCD para la entrada de España en la OTAN y la celebración del referéndum prometido por el PSOE, los movimientos sociales y las fuerzas políticas que, al margen de la pirueta socialista, se habían mantenido contrarios al citado organismo de defensa, continuaron realizando protestas y manifestaciones que de forma sistemática desembocaban, no sólo en una alta participación, sino también en un porcentaje muy mayoritario de opiniones favorables a la salida de España del Tratado del Atlántico Norte.

Sin embargo, el resultado de la consulta de 1986, para decepción de muchos y tranquilidad de otros, supuso un durísimo varapalo, hundiendo en cuantiosos aspectos a las fuerzas progresistas en una preocupante atonía que se prolongó durante muchísimo tiempo. No obstante, es de rigor señalar que, a pesar del desencanto, el trabajo realizado permitió poner en contacto y colaborar a partir de entonces a numerosos grupos, que ampliaron sus reivindicaciones a otros aspectos de la lucha diaria, desde el antimilitarismo a la solidaridad o los derechos laborales, tal como señala el cántabro Comité de Solidaridad con los Pueblos en su libro “Internacionalismo en Cantabria. 1979-2008”.

Un hecho paradigmático del momento y de las sensibilidades que ocasionó la derrota fue también el nacimiento de Izquierda Unida a partir del reconocimiento y sintonía de diversas corrientes, tendencias y partidos opositores al organismo militar occidental.

El referéndum para la salida de España de la OTAN, como hemos adelantado, tuvo un resultado más o menos sorprendente, dada la inequívoca tendencia  que hasta poco antes había tenido la opinión pública hacia una posición contraria a la permanencia. Este guión se mantuvo en la totalidad de las provincias del área de Cataluña, País Vasco y Navarra, que votaron en contra, pero en el resto de las provincias españolas, salvo en el notable caso de Las Palmas de Gran Canaria en el que el voto contrario a la OTAN fue superior al voto favorable en 50.000 papeletas, el vuelco en favor de los nuevos argumentos del PSOE fue claro.

En Cantabria acudieron a las urnas 239.938 votantes, de los cuales 140.251 votaron a favor y 79.031 en contra, habiendo 17.609 votos en blanco y 3.047 nulos, siguiendo la tónica general del país. En total, en el Estado, hubo una participación del 59,42 %, con un 52,5 % de votos favorables, un 39,85 % de votos en contra y un 6,54 en blanco.

A día de hoy las tres condiciones propuestas por el gobierno socialista, la de no incorporación a la estructura militar, la de la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español y la de la reducción progresiva de la presencia militar de Estados Unidos en España, han sido palmariamente incumplidas por los diferentes gobiernos que se han ido sucediendo.

Los Guerrilleros que vinieron de Francia. La caída Brigada Pasionaria.

El 27 de marzo de 1946 a la entrada del desfiladero de La Hermida el autobús de línea que iba en dirección a Unquera se detuvo al encontrarse con un destacamento de la Guardia Civil que acababa de abatir a dos guerrilleros. Los cuerpos permanecían tapados en la cuneta de la carretera. Camilo Alonso Vega, entonces Director General de la Guardia Civil pistola en mano, exigió al conductor que reanudara la marcha. La foto que encabeza este texto está tomada aproximadamente a medio kilómetro en línea recta del lugar en el que sucedieron los hechos descritos. En el entorno del Cementerio de Castro de Cillorigo ninguna placa o señal indica los nombres, ni el lugar en donde los cuerpos fueron enterrados. Sólo a través de la memoria se ha conservado la ubicación de la sepultura.

Con el término maquis nos referimos a los guerrilleros que desde 1944 cruzaron la frontera para luchar contra la dictadura franquista Franco. Así es como se llamaba en Francia a los hombres y mujeres que contribuyeron a liberar ese país de la invasión nazi. Miles de exiliados republicanos españoles se integraron en el maquis o en el Ejército de Liberación. El régimen franquista utilizó el término como sinónimo de bandolero, tal y como lo recogía el teniente coronel Francisco Aguado en su libro Maquis en España (“En buen castellano, el bandolerismo no es sino delincuencia en cuadrilla”) negándoles la intencionalidad política de derribar al franquismo. Así mismo, el franquismo insistía en la idea de que eran elementos que venían del extranjero a romper la paz de la victoria, tal como afirmaba el fiscal que llevó la acusación contra los enlaces del “Cariñoso”. De ese modo se publicaba en el Diario Alerta el 16 de enero de 1941 (las partidas de guerrilleros “fueron fomentadas por los que se vendieron al extranjero”). En el bando contrario, el Partido Comunista, principal impulsor del movimiento guerrillero de los años cuarenta, intentó que se generalizara el término para definir a todo grupo de guerrilleros que actuaba en España, lo cual suponía equipararlo al resto de movimientos de resistencia que en Europa estaban luchado contra el fascismo y el nazismo, pretendiendo de ese modo forzar a los Aliados a asumir su compromiso de derrocar a todos los regímenes aliados de Hitler y Mussolini.

Los dos guerrilleros o maquis muertos, pertenecían a la Brigada Pasionaria que el 24 de febrero se había concentrado en Sant Jean Pied de Port (Francia). Su misión era reforzar al Comité Regional del PCE en Asturias con el objeto de proporcionar una mayor capacidad de combate a la guerrilla asturiana. Ésta, ya en octubre de 1945, había sido reforzado con el denominado “Grupo Guerrillero Asturias I”, formado por siete miembros. En enero fracasó el intento de llevar un nuevo grupo por mar desde San Juan de Luz, con la intención de desembarcar en Lastres.

La brigada Pasionaria fue pertrechada con abundante propaganda y armamento, incluso explosivos, y dos uniformes de la Guardia Civil. Sus miembros habían participado activamente en la Liberación de Francia y en la invasión del Valle de Arán de 1944, porque su lucha en Francia contra el  nazismo era la antesala para liberar a España del yugo franquista. Según diferentes fuentes el grupo estaba formado por un número entre 40 y 48 hombres.

La noche del 25 de febrero atravesaron la frontera por encima del puerto de Valcarlos, cercano a Roncesvalles. A pie llegaron hasta Noaín el día 28. Se disfrazaron de Guardias Civiles, secuestraron dos camiones que llevaban pescado y con ellos tomaron dirección hacia Puente La Reina, Logroño, Soncillo, llegando hasta las estribaciones del puerto del Escudo, donde se les acabó el combustible.

A partir de aquí continuaron la ruta a pie, haciendo frente a la nieve que cubría el terreno. En el alto del puerto del Escudo la Brigada se dispersó en grupos de entre 7 y 10 guerrilleros, para intentar pasar más desapercibidos. No tuvieron la precaución de inutilizar los camiones, lo cual permitió que uno de los chóferes se personase en el cuartelillo de Ontaneda a dar parte, gracias a que tenía una lata con gasolina de reserva. Se movilizaron todos los Guardias civiles disponibles de las comandancias de Burgos, Santander, Bilbao y Gijón, así como algunos refuerzos de la Academia Regional de Torrelavega.

El primer encuentro se produjo el 3 de marzo en el valle de Luena, y al finalizar el día 4 ya se habían producido 23 bajas en la Brigada. El día 5, el periódico oficial del Movimiento en Santander, el diario Alerta, recogía en portada una foto del Gobernador Provincial con el siguiente pie de foto: “El jefe provincial gobernador civil oyendo el relato de un grupo de los milicianos rojos capturados por la fuerza pública en las cercanías del Escudo”.

El 8 de marzo cayó una fuerte nevada lo que paralizó la búsqueda y la Guardia Civil reforzó los puestos de Liébana para bloquear el paso de los guerrilleros hacia Asturias. Los guerrilleros tenían como referencia la línea de alta tensión que la Electra de Viesgo había instalado entre la cuenca minera asturiana y Bilbao, la cual pasaba por Urdón. Por esa razón los supervivientes se dirigieron hacia esa zona. Tres días después, al mediodía, una patrulla de la Guardia Civil divisó a un “bandolero” (sic) en las cercanías. Caída la noche se produjo una refriega, que tuvo como resultado la muerte de un Guardia Civil y la huida del guerrillero. El 14 de marzo en las cercanías de Tielve José Palomo Santa María fue abatido. La Guardia Civil suponía que era el autor de los disparos que causaron la muerte del guardia.

Los dos guerrilleros muertos a los que hacíamos mención al inicio pertenecían a uno de los grupos de la Brigada, que se desvió por error hacia Arija cuando se dispersaron. Desde allí cruzaron a Liébana por la montaña palentina, lo que les permitió eludir los primeros encuentros con la Guardia Civil. Aquella madrugada del 27 de marzo quedaban seis, habían perdido el contacto con un compañero tras los enfrentamientos que habían tenido los días anteriores. Pretendían pasar por el puente viejo de Castro Cillorigo hacia los Picos de Europa para continuar su marcha hacia Asturias. La Guardia Civil les estaba esperando. Cuatro sobrevivieron al encuentro y consiguieron pasar hacia los puertos de Bejes y Tresviso, donde fueron localizados y acogidos por miembros de la Brigada Machado.

Los guerrilleros heridos permanecieron internados en el Hospital de Valdecilla. Entre ellos estaba Gabriel Pérez, comandante de la expedición, participe de la invasión del valle de Arán, miembro de las  Fuerza Francesas del Interior y condecorado por su participación en la batalla de la Madeleine. La Agrupación Guerrillera de Santander al conocer la noticia preparó la fuga, pero Gabriel tuvo dudas y esto impidió su rescate. A los pocos días ingresó en prisión a la espera de ser juzgado.

No se ha podido determinar el número total de miembros de la Brigada Pasionaria, pero a finales de marzo de 1946 había 27 guerrilleros encarcelados, 8 murieron en los enfrentamientos, 4 fueron recogidos por la Brigada Machado y de 3 de ellos se tiene referencia de que consiguieron continuar hacia Asturias.

El juicio a los miembros de la Brigada Pasionaria tuvo lugar el 16 de febrero de 1948. No se permitió que la defensa corriera a cargo de un abogado civil. Gabriel Pérez, Jerónimo Argumosa, Feliciano Santa María, Juan Rivero y Francisco Rodríguez fueron fusilados el 30 de abril de 1948 y enterrados en una fosa común del cementerio de Ciriego. El resto de miembros de la Brigada Pasionaria fueron condenados a penas entre 12 y 30 años de cárcel.

OPORTUNIDADES PARA LA PAZ. EL MOVIMIENTO ANTIMILITARISTA EN CANTABRIA

El Consejo de Ministros del 9 de marzo de 2001 aprobaba un Real Decreto por el cual el 31 de diciembre de ese mismo año sería el último día de existencia de la mili obligatoria en Nuestro País. A partir de entonces España contaría con un ejército profesional. El decreto que suspendía, pero no derogaba la mili, acababa de hecho con una de las obligaciones más impopulares y denostadas por buena parte de la sociedad; rechazo que por diversas causas había estado presente desde el principio de su imposición. Del impacto que el servicio militar tuvo entre la juventud española da cuenta de la multitud de signos que ha dejado en la tradición de nuestros pueblos. El llamamiento a filas se constituyó en el signo del paso entre la mocedad y la edad adulta.

La idea de objeción de conciencia al servicio militar no es ajena a la tradición; durante toda la historia de la mili encontramos ejemplos de negativa a esta obligación por motivos económicos, de seguridad personal, o políticos, entre otros, aunque no sería hasta los años 70/80 del siglo pasado cuando se organizó la lucha aprovechando el mayoritario apoyo social a su abolición. Del mismo modo, los intentos de regular alguna forma de objeción de conciencia se dieron desde muy pronto, incluso durante el franquismo, donde se llegó a tratar en las Cortes sin éxito.

En España, el antimilitarismo se alimentó de un ambiente social propicio debido a la confluencia de varios factores, entre los que destacan : el rechazo al servicio militar obligatorio, el movimiento anti-OTAN (de gran importancia para entender muchos de los acontecimientos futuros a nivel político- social y para comprender, en parte, el devenir del propio antimilitarismo, su fortaleza durante un tiempo y su posterior declive) y, finalmente, la oposición a la permanencia de las bases americanas.

La Constitución Española de 1978, en su artículo 30.2, recogía la posibilidad de objeción de conciencia al servicio militar y su reemplazo por una prestación social sustitutoria. En este marco el gobierno del PSOE promovió la Ley de Objeción de Conciencia (Ley 48/1984, de 26 de diciembre), que desde el principio nació arrastrando una fuerte polémica y contestación de los grupos antimilitaristas, que como el MOC -Movimiento de Objeción de Conciencia- se pusieron a la vanguardia de las reclamaciones antimili en lo concreto, pero con una concepción antimilitarista mucho más amplia.

El MOC se constituyó en 1977 bajo las premisas del antimilitarismo y asumiendo la no violencia tanto como estrategia de respuesta en sus acciones como, a mayor escala, base del modelo de defensa popular. La oposición al servicio militar era su forma de no colaboración con el ejército. La estrategia del MOC contraria a aceptar la Ley de Objeción de Conciencia chocaba con la de otros grupos como la Asociación de Objetores de Conciencia que, aunque con mucha menos presencia social, propugnaba el cambio desde dentro de la ley.

El MOC, y otras organizaciones de signo antimilitarista, formaban parte de una corriente internacional, fundamentalmente europea, que desde décadas antes se había mostrado muy activa ante la situación creada por la carrera armamentística y la proliferación nuclear promovida por los bloques y sus estructuras militares, la OTAN y el Pacto de Varsovia, aunque su lucha se amoldaba a las características de la realidad española, muy mediatizada, lógicamente, por asuntos más domésticos.

El MOC fue transitando progresivamente hacia la insumisión como forma de lucha, estrategia que, produjo algunas disensiones entre sus miembros, como sucedió con algunos militantes del grupo de Santander, resultando, a la postre, una estrategia exitosa dada la trascendencia social que tuvo y las contradicciones que finalmente provocaron en el sistema, colaborando fuertemente a la abolición del servicio militar obligatorio. Como medida de apoyo se asumió la reobjeción, es decir, el rechazo de los objetores ya reconocidos a su condición con el fin de incorporarse al ejército para convertirse en insumisos.

En la fotografía de cabecera se puede ver a un grupo de activistas con carteles que, en octubre de 1986, aprovechando el sorteo del reemplazo del año siguiente, exigían la libertad para Francesc, un joven objetor sobrevenido, es decir que se declaró objetor durante el servicio militar, posibilidad no recogida por la LOC y que el MOC reivindicaba, junto a otros lemas que denunciaban la Ley de Objeción de Conciencia y sus consecuencias. Momentos antes la policía había roto las cadenas que les ataban a las puertas y verjas del Gobierno Militar de Santander, la imagen de la protesta fue publicada por la prensa regional. Y difundida, a su vez por en el informativo regional de TVE. La acción se preparó atendiendo a planteamientos de desarrollo y respuesta no violentos. Sus consecuencias se sustanciaron en una multa impuesta por la autoridad gubernativa, finalmente suprimida tras argumentar el abogado de los activistas (del Servicio Jurídico de CC.OO. en Cantabria) que la naturaleza del acto era una reivindicación pacifista, según consta en los escritos de alegación presentados.

Las acciones del MOC en Nuestra Región fueron relativamente frecuentes durante las décadas de los años 80 y 90. La organización alcanzó una importante presencia social recogiendo, sin duda, las simpatías de una parte de la sociedad que veía la mili como una odiosa carga para la juventud. La estrategia de insumisión en Cantabria tuvo un seguimiento notable siendo muy célebres los juicios a los insumisos Juan Carlos Montenegro (Charly), el primer cántabro con esta consideración que, aunque fue condenado no ingresó en prisión, y Raúl Molleda, que fue encarcelado por este motivo. La entrada en prisión de Raúl desató un gran movimiento de solidaridad, con importantes pronunciamientos y apoyos. Su encarcelamiento tuvo trascendencia nacional, apareciendo incluso en la portada del dominical de El País. Cabe destacar que Cantabria superó la media nacional entre objetores e insumisos.

Las iniciativas del antimilitarismo cántabro, buscando habitualmente la sensibilización y la denuncia, se plasmaron en acciones como la documentada en la fotografía, la práctica de la objeción fiscal en el IRPF a los gastos militares, ocupaciones de partidos e instituciones e incluso en protestas como la llevada a cabo contra varios buques de la OTAN amarrados en el puerto de Santander, hecho duramente reprimido por la policía y que también tuvo trascendencia nacional.

El MOC como organización más representativa del antimilitarismo en Cantabria se nutrió de jóvenes provenientes de muchos otros movimientos que, en muchos casos, mantuvieron múltiples militancias. La relación con los partidos políticos no siempre fue buena, especialmente con el PSOE, dada la estrategia de represión que adoptó en este ámbito, lo que llevó, incluso a la ocupación de su antigua sede en la Calle Castilla de Santander. Del mismo modo, el MOC fue una escuela de militancia para muchas personas que finalmente acabaron engrosando las filas de otros colectivos, generalmente de lo que podemos llamar izquierda alternativa, y algunas ONG con un planteamiento noviolento, como Brigadas Internacionales de Paz, organización con una gran actividad en Nuestra Región

El movimiento antimilitarista de Cantabria ha tenido una notable influencia a nivel nacional, un importante poder transformador y un efecto transversal a tener muy en cuenta. Hubo experiencias de construcción no solo políticas sino de vida comunitaria para trabajar por el cambio social desde las premisas de la noviolencia y el antimilitarismo, como la de la Casa de la Paz Santa Ana en El Soto. Y muchos otros ejemplos, sin duda, que dan cuenta del alcance del movimiento en Cantabria.

Sin embargo, la eliminación del servicio militar obligatorio ha supuesto en la práctica un marcado declive del movimiento antimilitarista. La estrategia gubernamental de profesionalización del ejército ha conseguido de una tacada eliminar esta odiosa carga social y de paso lavar la cara a una institución hasta entonces temida y muy poco reconocida por los ciudadanos; tanto es así que muchas veces se presenta y se considera al ejército casi como una ONG humanitaria, en vez de lo que realmente es.

Junto a lo anterior, la desaparición de la agenda social y política del tema OTAN y de los demás asuntos relacionados, tras el trauma que supuso la pérdida del referéndum en 1985, y la banalización con que se tratan los asuntos de la paz y la noviolencia en los medios de comunicación nos debería llevar a preguntarnos, perdón por las palabras empleadas, ¿si ganamos esa difícil batalla por qué estamos perdiendo la guerra? La respuesta, como siempre, está en el viento.

 

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