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REINOSA. ALGUNAS HUELLAS DE LA PRIMAVERA DE 1987. Encuesta sobre un tiempo en que Reinosa abría los telediarios

En tiempos en que la memoria histórica se ha convertido en un tema de actualidad recurrente, por desgracia no siempre en términos constructivos, el acercamiento a unos sucesos que marcaron la vida de una ciudad y su comarca hace 34 años es un reto estimulante, un ejercicio que pretende contribuir a cultivar una memoria colectiva, inspirada en principios democráticos y solidarios. El objetivo es comprobar la huella que dejaron unos acontecimientos de carácter seguramente ambivalente: si por un lado recuerdan una unión ejemplar para la defensa de unos puestos de trabajo determinantes para la vitalidad de una comarca, por otro rememoran escenas de violencia, miedo, incluso de muerte, lo que no puede dejar de enturbiar esa mirada al pasado.

Desmemoriados ha querido recordar la primavera de 1987 en Reinosa mediante un documental y una exposición. Pero la mirada a esos acontecimientos estaría incompleta sin contar con la opinión de los protagonistas y de sus descendientes. Mediante sendas encuestas, se ha pulsado el recuerdo que los acontecimientos de 1987 han dejado en los campurrianos de hoy en día. Para ello, se ha realizado una encuesta al alumnado de 4º de ESO y 2ª de Bachillerato del IES Montesclaros, por un lado, y a padres/madres o familiares de ese mismo alumnado, por otro (ver ficha técnica). A continuación, se detallan algunas de las conclusiones que de las mismas hemos extraído.

Antes de entrar en la valoración de los sucesos de 1987, las encuestas incluían algunas cuestiones de carácter general. Del trabajo demoscópico se deriva la imagen de una juventud menos interesada por la política que sus mayores; mientras estos siguen recurriendo a los medios tradicionales para informarse (prensa y radio), la juventud lo hace en general a través de las redes sociales y de Internet, con una presencia importante asimismo de la televisión. Curiosamente, mientras que los jóvenes hablan más de política en el ámbito familiar que en el relacional, los adultos afirman hacerlo más con las amistades que con los familiares; en realidad, la contradicción no es tal: parece que los adultos tienen entre sus temas de conversación la política en mucha mayor medida que los jóvenes.

Por lo que respecta a la auto-ubicación política, la mayoría tanto del alumnado como sus familiares se sitúan en el centro, con una mayor presencia de la izquierda moderada frente a la derecha; tanto la extrema izquierda como la extrema derecha son minoritarias en ambos casos. El centro es la posición con la que se identifica casi un tercio de la muestra del alumnado, al que le siguen las ubicaciones en la izquierda con un 19,79 % y en la derecha con un 15,63 %. Las posiciones de extrema derecha e izquierda son menos frecuentes (12,50 % se identifican con la extrema derecha y 8,33 % con la extrema izquierda). Hay un 12,50 % que, o bien no se localiza en ninguna posición o que no reconocen el significado de las categorías izquierda y derecha. Más escorados a la izquierda parecen encontrarse los familiares, con un significativo 14% en la extrema izquierda. Más de la mitad se sitúan en el centro del espectro: mientras que un tercio de las respuestas se sitúan en la izquierda.

La muestra revela que el 58,9 % del alumnado, es decir, 56 estudiantes de los 96 que componen el total de la muestra, dicen tener algún conocimiento sobre las protestas obreras, porcentaje que se ha considerado bastante elevado si se tiene en cuenta que estos jóvenes no fueron coetáneos ni vivieron en primera persona estos acontecimientos.

Las respuestas del alumnado permiten concluir que los jóvenes han otorgado gran relevancia a los motivos de las protestas: la lucha por la supervivencia de los trabajadores y de toda la comarca de Campoo, que sufriría las consecuencias del desmantelamiento del tejido industrial por la enorme dependencia que tenían todos sus habitantes de la industria, no solo los trabajadores de las fábricas sino también las pequeñas empresas, el comercio o el sector servicios. La violencia desmedida que ejercieron las fuerzas del orden y la toma de la ciudad por la guardia civil fueron elementos distintivos de las protestas, por lo que aparecen en algo más de la mitad de las respuestas de los alumnos. Sin embargo, los acontecimientos con mayor impacto mediático, como fueron la muerte de Gonzalo Ruiz o la retención de Enrique Antolín, aparecen en los discursos de los informantes, pero con una frecuencia bastante menor. De todo ello se puede concluir que en el recuerdo de los estudiantes prevalecen las causas y el contexto de las protestas en mayor medida que los hechos concretos.

El conocimiento de los sucesos de 1987 ha tenido lugar de forma abrumadoramente mayoritaria a través de los padres, ya que un 80% de los que han contestado ha marcado esta respuesta. En segunda posición se encuentran otros familiares (abuelos y tíos), con un 49,1%. Con ello se confirma el papel que el entorno familiar con el que el joven interactúa de forma cotidiana, constituido por padres, madres y los familiares más cercanos, desempeña en los procesos de socialización política durante la adolescencia y la juventud. Los estudios sobre socialización política juvenil mencionan otros ámbitos y agentes relevantes, como son las instituciones educativas, el grupo de pares o iguales y los medios de comunicación; sin embargo en el presente caso, concerniente a la transmisión de la memoria colectiva del ciclo de protesta obrera de 1987 en Reinosa, muestran una importancia marginal si lo comparamos con el entorno familiar (sólo un 14,5% tuvieron noticia de estos hechos por profesores, un 9,1% a través de los medios de comunicación y un escaso 5,6% a través de sus amistades).

De los 21 alumnos/as que afirman que la información sobre los sucesos de Reinosa les ha cambiado su forma de pensar 17 han contestado a esta pregunta abierta ofreciendo su propio discurso. Al analizar las respuestas, se han observado tres tipos de argumentaciones: en primer lugar, el 41,2%, es decir, 7 estudiantes, ha contestado que enterarse de lo que ocurrió en Reinosa en 1987 cambió de alguna manera su perspectiva sobre la realidad social y sus valores éticos, por ejemplo, su sentido de la justicia. El mismo porcentaje y número de estudiantes sostiene que les ha influido en el sentido de valorar más el bienestar del que disfrutamos actualmente y darse cuenta de la influencia que el pasado tiene en el presente, al ser conscientes de que los derechos de los que ahora disfrutamos se deben a las luchas de las generaciones anteriores. Un porcentaje menor de sujetos (17,6%, es decir, 3 alumnos/as) han contestado que les ha ayudado a descubrir o ampliar su conocimiento sobre la realidad y el contexto de su comarca.

Acto de inauguración de la exposición «Reinosa quiere vivir: Crónica de una lucha por el empleo» (12/11/2021). Foto Desmemoriados.

Entre los sentimientos y emociones que emergieron en el alumnado, destacan, por orden de frecuencia, la pena, el miedo, la curiosidad, la sorpresa y la rabia o indignación, causando un gran impacto en ellos, a excepción de un estudiante que manifestó una actitud de indiferencia ante el conocimiento de las acciones obreras de protesta en Reinosa. Muy ilustrativas son asimismo las respuestas de los ascendientes, testigos directos en buena parte de los casos de los acontecimientos analizados. Sobresalen algunos términos muy expresivos: Unión, miedo, injusticia, descontento con los medios de comunicación, odio a los políticos, tristeza, experiencia surrealista, pueblo en guerra, defensa de puestos de trabajo, protesta por la violencia de las fuerzas del orden, decepción por la actuación de un partido obrero, impotencia, terror, incertidumbre, rabia, pena.

Es llamativa la atracción que genera en muchos de los estudiantes examinados la historia de su localidad o comarca. Les gustaría saber más sobre lo que ha ocurrido y ocurre en su entorno más cercano y cotidiano, y sobre cómo ha evolucionado hasta la época actual. Muestran predilección por profundizar en el conocimiento de hechos o acontecimientos que tuvieron lugar en el lugar en el que viven y en los que participaron personas a las que conocen por ser familiares o vecinos. Igualmente creen que este conocimiento del pasado de su localidad les afecta directamente, porque a través de él pueden explicar y comprender mejor la situación actual, valorar los derechos de los que disfrutan y evitar que los errores del pasado se repitan.  Estos resultados definen a un alumnado interesado y motivado en adquirir nuevos conocimientos de la historia y ampliar los que ya tienen.

Entre los familiares, la gran mayoría considera muy importante que se conozcan los hechos, mientras solo 5 de las 33 respuestas conceden poca o ninguna importancia a revisar en la actualidad los hechos del pasado. Asimismo, 17 sobre 28 consideran que recordar el pasado sirve para sanar las heridas mientras que 11 (casi el 40%) creen que recordando las heridas se reabren.

En la explicación a la respuesta anterior, coinciden la mayoría en la conveniencia de aprender del pasado, aunque se trasluce en las contestaciones el sufrimiento que se vivió. Mientras algunos abogan por erradicar odios o resentimientos, otros continúan lamentando que no se depuraran responsabilidades por los excesos cometidos por la guardia civil y, sobre todo, por la muerte de Gonzalo Ruiz. No falta tampoco la idea de que en aquellos momentos estaban arraigados ideales que hoy día en buena parte se han perdido.

Merece la pena resaltar algunas de las ideas que en las preguntas abiertas trasmiten los familiares:

  • El orgullo por la unión expresada por el pueblo en aquellos días, en defensa de sus puestos de trabajo, y haciendo frente a la ocupación de Reinosa por la guardia civil.
  • Rechazo por la actuación de los dirigentes políticos, ante los cuales varias personas manifiestan su decepción.
  • También se aprecia una critica a los medios de comunicación, que, según algunos encuestados, habrían tergiversado los hechos para dar una visión negativa de la lucha de los trabajadores y del resto de ciudadanos. Hay que tener en cuenta que en aquella época los medios de comunicación eran la prensa, radio y tv, que conformaban un panorama mediático mucho más controlado y menos plural que en la actualidad.

En conclusión, se puede afirmar que las opiniones de los reinosanos/as confirman algunas de las hipótesis de las que se partía al abordar el tema de los sucesos acaecidos en Reinosa en la primavera de 1987: que se trataba de unos acontecimientos de gran trascendencia que habían dejado una profunda huella en la memoria de los que lo vivieron; más dudas podían albergarse en torno al conocimiento y a la percepción que de los mismos podían tener los jóvenes. Las encuestas han puesto de manifiesto que el conocimiento por parte de éstos es amplio, pero no unánime. También se deduce que, mientras los que no lo vivieron se centran más en las causas (despidos masivos, resistencia a la decadencia de una comarca), los testigos directos y protagonistas inciden en las imágenes de conflicto y violencia que difundieron los informativos de la época. Tanto en unos como en otros predomina en el recuerdo una percepción negativa. De todas las palabras invocadas, solo a “unión” puede asignársele una connotación positiva. Es evidente que la ciudadanía recuerda con orgullo el compromiso demostrado en aquellos días para defender las fábricas y el conjunto de la economía de la comarca. Prácticamente todos los demás (miedo, injusticia, tristeza, pueblo en guerra, protesta, decepción, impotencia, terror, incertidumbre, rabia, sorpresa, indignación, pena) aluden a un periodo sombrío y vivido con angustia. No obstante, la mayoría considera positiva la rememoración y cree que la misma debe contribuir a conocer y explicar el presente de la comarca y a no repetir los errores cometidos en el pasado. La dureza de lo acontecido hace décadas no impide que tanto adultos como jóvenes consideren adecuado recordar los hechos, uniendo la experiencia de primera mano con el acercamiento académico que la inserción de una historia local relevante en los contenidos de la materia de Historia facilita.

Revista La Ortiga, un proyecto ético, estético, cívico y universal. Una memoria necesaria

Constituyó un espacio para el pensamiento crítico, para la reflexión y el debate, en el que colaboraron prestigiosos autores del mundo académico e intelectual del panorama nacional e internacional.

La revista de arte, literatura y pensamiento La Ortiga, nació en Santander en abril del año 1996, con un amplio y plural consejo editor, fundada y dirigida por el antropólogo, editor y poeta Antonio Montesino. La publicación surgió con una periodicidad trimestral y con la pretensión de abordar el mundo del arte, la literatura y el pensamiento, aunque sería la poesía, en sus inicios, la que aportaría la identidad de este proyecto sociocultural, que asienta sus prácticas e ideaciones en la interdisciplinariedad, la interculturalidad y el pluralismo. El primer número, con una ilustración del pintor y diseñador Xesús Vázquez, se presentó en Torrelavega el 22 de abril; en él destaca la inclusión de sendas colaboraciones de dos premios Nacionales de literatura, Gustavo Martín Garzo y Antonio Gamoneda, que participó en la presentación.

En el verano de 1997 la revista presenta un número doble y la edición de un nuevo título de ensayo, que se suma a otra nueva línea de publicaciones de La Ortiga, con títulos de novela y poesía. La publicación que alcanza los números seis y siete, recoge un amplio dossier en torno a la figura de Aníbal Núñez, con colaboraciones de Miguel Casado, Amelia Gamoneda y Guillermo López Gallego. Además, una reflexión del arquitecto y pintor santanderino Juan Navarro Baldeweg, y en el apartado “La escritura de las cosas”, unas traducciones de la obra de Marian Tsvietaieva y Solveig von Schultz, por Reina Palazón. En este año, y como aportación a la línea de publicaciones de La Ortiga, también surgen otra serie de publicaciones, colecciones de ensayo, poesía y narrativa, bajo la dirección de Antonio Montesino y la coordinación de la antropóloga Mary Roscales. En el primer número de la colección de ensayo, se publica el libro del filósofo Román G. Cuartango “Singularidad subjetiva y universalidad social”. La colección, publicada por la editorial Límite, fundada por y para la revista La Ortiga, constituyó un nuevo e importante foco de cultura en Santander, que nació entre los meses de marzo y abril de 1997, diseñada por Xesús Vázquez, en torno a la publicación del número cinco de la revista, dedicado al poeta José Luis Hidalgo.

En su segundo aniversario, La Ortiga se convierte en un auténtico fenómeno editor y cultural. Con unos apartados que caracterizan su estilo y contenido: “Urticarias”, “Solapas, “La memoria necesaria”, “Pasajes de la visión” y “La escritura de las cosas”, y el diseño del pintor Xesús Vázquez. Se publican textos inéditos del escritor y pensador Fernando Savater, con un texto sobre la “Actualidad del humanismo” y del poeta, premio Nacional y Adonais de Poesía José Ángel Valente, con tres poemas breves. Asimismo, un dosier especial “Archipiélago del horror”, con textos, entre otros, del sociólogo fallecido Norbert Elias. Este dosier es coordinado por Mary Roscales, con su trabajo sobre la obra del escritor italiano y judío Primo Levi. Mary Roscales, que era miembro del equipo de redacción, disuelto este, pasa en esta nueva etapa, a ser coordinadora de la Revista La Ortiga, cuya dirección y maquetación corre a cargo de Antonio Montesino. Otros de los autores que colaboran en los apartados tradicionales de la publicación son los de Martin Garzo, Antonio Gamoneda, Antonio Merino, una selección de textos del fallecido Jünger, sobre el autor y la escritura, Jesús Pardo, un fragmento de novela de Jesús Garay (La Bañera) y un homenaje a Willian Faulkner del filólogo y traductor Dámaso López García. Con este volumen especial, en un triple número 8/10, La Ortiga entra en su tercer año de existencia con nuevos proyectos.

A partir de aquí, el proyecto se asienta sobre la base de una necesaria autonomía, y se apoya en una cimentación de prácticas y de concepciones integradoras, que abarcan diversos ámbitos de la producción cultural: 1) ediciones de revistas y de diferentes colecciones de libros sobre arte, literatura, pensamiento e investigación social, con una nómina de autores entre los que cabe destacar a Fernando Savater, Antonio Gamoneda, José Luis Hidalgo, Gustavo Martín Garzo, Edgar Allan Poe, Jesús Pardo, Luis Marigómez, Miguel Casado, Román Cuartango, Jorge G. Aranguren, Rosa Pereda y Leopoldo María Panero; 2) proyectos de investigación-acción-participación; 3) actividades de cooperación solidaria con otros colectivos e instituciones, como sucede con la iniciativa internacional de ‘Hablar/Falar de Poesía’. Las contribuciones de La Ortiga a este proyecto hispano-luso consistieron en la entrega de una serie de poemas inéditos en España de Paul Celan, en versión de José Luis Reina Palazón, varios poemas del libro “Aquellas casas” de Jorge G. Aranguren (Premio Adonais 76) y de Antonio Antón.

Cumplido en el año 2001 el quinto aniversario de su fundación, un balance somero revela la existencia de ediciones, críticas y reseñas, ensayos y monográficos que totalizan más de doscientas publicaciones, entre libros y 30 revistas editadas, con unos monográficos dedicados a José Luis Hidalgo (1997); en homenaje a Franz Kafka, un monográfico en torno a la escritura y la vida de este autor (1999); Jorge Luis Borges “La poética del escribir breve” (2000); “Tras el ángel de historia”, la memoria de Friedrich Nietzsche y de Walter Benjamin (2000). En abril de 2001, y con motivo del aniversario se edita un número dedicado a la memoria del filósofo Ludwig Wittgenstein, de cuya muerte se cumplían 50 años, en el apartado “Travesías del pensar”, con textos de Bertrand Russel, Jean Pierre Cometti y dos pioneros de la difusión del pensamiento de Wittgenstein, José Ferrater Mora y Alfredo Deaño.

A partir de este quinto aniversario La Ortiga fue creciendo hasta alcanzar un prestigio nacional, integrando creadores pertenecientes al ámbito regional y otros estatal, impulsando una intensa e incuestionable actividad cívico-cultural. Las publicaciones se caracterizan por la valía cualitativa y la importancia cuantitativa de las diferentes propuestas de sus textos.

Más de 300 autores y traductores, principalmente poetas, ensayistas y narradores, al cumplir los diez años, con la edición especial del número 62/64, dedicado a Norbert Elias, con el título de “Mozart. Sociología de un genio”. Durante estos años destacan los dosieres dedicados a Primo Levi: “Archipiélago del horror”; Hanna Arendt: “Un grito de combate filosófico”; y los monográficos Luis Cernuda: “La voz de la conciencia poética”; Fernando Savater: “La pasión por el cine”, “El Carnaval: Tiempo de transgresión, “Las cencerradas: El ruido hostil y disciplinante de la sociedad”, “El Quijote de Cervantes: Las alforjas de la novela moderna”; Jorge Aranguren: “Crítica y antricrítica” y “Verso y prosa. Espacios y silencios: Poesía visual” de Antonio Montesino, 1968-2005, etc. Cuenta con más de 300 suscriptores, cuya procedencia se enmarca en los campos de una intelectualidad nacional e internacional, relacionada con la filosofía, el ensayismo, la creación literaria y la investigación social, una distribución periódica en las 100 librerías más importantes del país y su presencia en más de un centenar de bibliotecas y universidades de España.

En su décimo aniversario surge una nueva colaboración con el Aula de Letras de la Universidad de Cantabria, dirigida por el Catedrático de Historia Moderna, Académico de la Real Academia de la Historia y poeta Ramón Maruri, que publicó en la revista La Ortiga en su número 93/95: “Seis estudios de Historia Social sobre la Cantabria Moderna”. Esta colaboración se realiza a través del programa Tiempo de glocalidad[1], en el que se desarrollaron numerosas actividades a Través de Talleres de Poesía Visual y Experimental de Pensamiento Crítico, así como varios Encuentros con las Letras. De esta colaboración hay que destacar la realización del III Taller de Pensamiento Crítico Zygmunt Bauman, organizado a finales de 2009, sobre “Biopolíticas del universo concentracionario. Conciencia histórica y multiplicidad de memorias supervivientes del exterminio nazi”, en el que, observada desde la perspectiva de una pluralidad de memorias: judíos, homosexuales, gitanos, niños, deficientes mentales, etc., se abordó el análisis de la realidad concentracionaria de la Alemania nazi, y que fueron recogidas bajo la supervisión de Mary Roscales, con el título de “Universos concentracionarios” en los números de la revista La Ortiga, 96/98 y 99/101.

El reconocimiento de La Ortiga se encuentra visibilizado, en primer lugar, en el hecho de haber pasado a formar parte de los archivos de la Biblioteca Nacional de Francia en París, donde algunos de sus materiales y producciones bibliográficas han entrado de la mano del filósofo francés Clemént Rosset, cuyo legado intelectual, junto a sus archivos particulares, ha quedado bajo la custodia de tan importante institución y, con ello, el monográfico nº 39/41 que La Ortiga le dedicó en 2003, bajo el título “La filosofía trágica”, los pliegos de la Ortiga nº 5, las ponencias del III Foro Cívico, titulado “Nosotros y los otros”. Los materiales producidos por La Ortiga han pasado a formar parte de instituciones europeas, como es el Instituto Iberoamericano de Berlín, el Museo Judío de Berlín y la Asociación Primo Levi de París, asociada al centro internacional de la “Memoria del Holocausto”, que solicitó varios volúmenes y ediciones.

En torno a la Revista La Ortiga, también hay que destacar el Foro Cívico “Encuentros para el debate”, en colaboración con La Obra Social de Caja Cantabria y bajo la coordinación de Antonio Montesino y Mary Roscales. En su desarrollo, desde el año 2001 hasta el 2007, tuvieron lugar una serie de conferencias, con la participación de Manuel Cruz, Enrique Gil Calvo, Fernando Savater, Roberto Mesa, Carlos Castilla del Pino, Clément Rosset, Joaquín Estefanía Moreira, José María Ridao, María Ángeles Durán, Amelia Valcárcel, Vicente Verdú, Santos Julia, José María Guelbenzu, entre otros. Los temas tratados fueron “Después de Manhattan, Qué”, “Los medios de comunicación social”, “Pensar el futuro”, “Nosotros y los otros. Laberintos de la extranjería”, “Conciencias de la mirada urbana. Ciudad, ciudadanía y virtudes cívicas” y “Tiempo y lugares de la edad tardía”. Textos que fueron publicados en la Colección de Libros La Ortiga. Ensayo. “Los libros del laberinto”, bajo el sello de Editorial Límite. En su último ciclo se trató el tema de la “Identidad, ciudadanía y patrimonio”, con la colaboración, entre otros, de Juan Carlos García Codrón, Ramón Maruri y Manuel Suárez Cortina.

La Ortiga comenzó publicarse, como hemos señalado al principio, en 1996 y como se puede comprobar en su trayectoria, constituyó un espacio para el pensamiento crítico, para la reflexión y el debate, en el que colaboraron prestigiosos autores del mundo académico e intelectual del panorama nacional e internacional.

El fallecimiento, en 2015, de Antonio Montesino representó, cuando habían aparecido 128 números, un alto en el camino de La Ortiga. Habrá que esperar a 2019 para que se retome la edición de la revista, habiéndose publicado desde entonces cinco números.

 


[1] Glocalidad o Glocalización se refiere a una doble dinámica de la globalización y la localización, como fuerzas interconectadas, pero formando parte de los mismos procesos. Pensar y actuar glocalmente, es decir rechazar el paradigma eurocéntrico que prioriza lo global sobre lo local, lo concreto y específico de los colectivos humanos y de los hombres y mujeres con identidades propias, es la única base para lograr otro mundo en el que sean posibles mil mundos dentro de un marco de mutuo reconocimiento e igualdad.

 

“Nunca quise a mi abuelo”. Un portugués en la Guerra de España

Juan Bento Silva nació en la localidad portuguesa de Sobral de San Miguel. Junto a su hermano, dejó su pueblo para buscar un mejor pan, pero no fue Brasil el destino elegido, como tantos otros de sus compatriotas, sino Asturias y su negro carbón.

La fatalidad de la mina y las duras condiciones de trabajo de aquellos primeros años del siglo XX terminaron con la pérdida de su hermano en una de ellas. Solo, decidió volver a casa, a Portugal. Manuel y María Justina, sus padres, allí seguían. Allí esperaban.

Pero no tardó en regresar a Asturias: sus dos sobrinas y la viuda de su hermano esperaban. En Asturias se casó, y tuvo dos hijos, dos más decía. Y en Asturias, cuando estalló la Guerra, formó parte de la 1ª Compañía del Batallón asturiano 236 (‘Vorochiloff’). Ya sabemos que, en esos momentos iniciales, el Norte republicano quedó fragmentado en tres entidades de poder: Asturias, Santander y el País Vasco. Y también sabemos, que en las dos primeras, trabajadores, partidos y sindicatos de corte marxista fueron importantes a la hora de organizar a los milicianos. Pero para septiembre de ese 1936, las columnas milicianas compuestas por trabajadores ya forman parte del Ejército Popular republicano y su organización, jerárquica y disciplinaria.[i]

Juan Bento Silva como otras tantas decenas de miles de trabajadores y especialistas formaba parte de ese ejército, y junto con sus compañeros, al menos 5.000, participaron activamente en el frente vasco, ya desde el mismo verano de 1936[ii], donde fueron destinados formando parte del Cuerpo del Ejército Vasco (unas 55.000 personas). Allí, en Euskadi, estos Batallones fueron integrados bajo una organización diferente: Brigadas y Divisiones. Cuatro brigadas asturianas y dos montañesas formaban parte de la defensa de Vizcaya ante la ofensiva franquista de abril de 1937.

En concreto, el Batallón 236 Alfredo, de mayoría comunista, y del que Juan formaba parte, entró en la línea del frente en la zona del monte Pagasarri, sobre Bilbao, y en el barrio de La Peña. Junto con los Batallones 224 Ladreda y 233 Bárzana formaban la 8ª Brigada. El 17 de junio comenzó el ataque de las tropas franquistas. Los bombardeos provocaron la desbandada de esa 8ª Brigada en la mañana del 19. Por la tarde, los rebeldes entraron en Bilbao. Tras esa caída, estas Brigadas y Batallones de origen asturiano mantuvieron importantes combates por todo el occidente vizcaíno. En retroceso y bajo el constante hostigamiento, utilizaron el corredor del Cadagua y la comarca carranzana para acceder al entorno del Asón.

A fecha 11 de julio, el 236 Vorochiloff / Alfredo arrojaba la siguiente estadística[iii]: muertos, 16; desaparecidos, 66; heridos, 61; desertores, 0; arrestados, 4; enfermos, 44. Total de bajas, 191; quedan en activo, 325. Esa fecha, el 11 de julio de 1937, es curiosamente la que figura como día de la muerte de Juan. En Limpias. En una fosa común.

La fosa común de Limpias era conocida, pero nadie reparó en ella hasta que a finales de 2017, José Antonio Larrinoa, con su anónimo trabajo y un poco de suerte, fruto de la perseverancia en la búsqueda de su tío, consiguió con la mediática Lista Larrinoa destapar los nombres de 74 personas. Juan Bento Silva[iv] era uno de esos nombres.

Su mujer sabía por un vecino, compañero de Juan en el frente vasco, que le “habían pegado un tiro”. La propia Guardia Civil así se lo confirmó en el mismo 1937… y nada más. El silencio lo tapó todo desde entonces. Hasta la publicación de la Lista Larrinoa. Porque de esos 74 nombres muchos eran conocidos, pero unos cuantos, todavía hoy, siguen sin poder vincularse a algún familiar. El esfuerzo mediático de medios vascos, cántabros y asturianos consiguió llegar a unos cuantos, entre ellos al nieto de Juan, quien descubrió por el periódico que su abuelo estaba en una fosa común.

El impacto de la noticia hizo aflorar la memoria construida durante años de represión en torno a su abuelo, a quien llegó “a no querer, porque era rojo: un diablo”. Y como acto de justicia, se embarcó en la tarea de dignificar su recuerdo, ahora construido con otros mimbres, quizá más pegados a la verdad, pero enredados en los tortuosos caminos de la Administración y las Leyes.

Jose Antoni Larrinoa señalando sobre el marmol un «No identificado» de la fosa común de Limpias. Foto Fernando Lobato/Desmemoriados

Pensaba el nieto que poder llevarse los huesos de su abuelo a su pueblo, Tudela Veguín, sería una tarea fácil. Pero no lo es. Como otros al igual que él ya han podido comprobar, el interés de las diferentes administraciones está muy bien delimitado en las leyes, y la proactividad no figura entre sus prioridades. La prueba, la investigación, la tramitación de papel tras papel recae sobre el familiar, sobre su disponibilidad y capacidades. Sobre sus hombros. Una carga más. Como familiar de una víctima ha de superar los doce trabajos de Hércules que la Administración ha preparado para él, escondiendo el compromiso democrático de conocer toda la verdad, aunque como es el caso, sólo suponga una acción de guerra (“mil veces perdono a quien-y pegó’l tiru”). La justicia y la reparación, mejor ni las mencionamos.

Euskadi y Cataluña, podemos decir que son las Comunidades Autónomas que más en serio se han tomado este complejo asunto. Pero, para Gogora[v] su acción sobre la fosa de Limpias se extingue con el conocimiento de los vascos allí enterrados y una placa de mármol, alicatando la memoria. Una lista de nombres. En Cantabria se esperan acontecimientos, cruzando los dedos para que nadie pida una exhumación, satisfechos con la organización junto a Gogora y a la Administración asturiana de un acto de recuerdo, poco después de la publicación de la Lista Larrinoa. Los vascos a los vascos. Los cántabros a los cántabros. Los asturianos a los asturianos. ¿Quién a los portugueses?

Francisco Ferrándiz[vi] recordaba que, desde un punto de vista antropológico, las exhumaciones no pueden detenerse en la propia excavación. Que es necesario trazar los itinerarios que siguen los cuerpos, son cuerpos políticos, y necesitan una visibilidad que el mármol de este caso, tapa. Necesitan una autopsia social. No podemos seguir siendo un caso especial, en pleno siglo XXI, en lo que a las políticas de reparación y reconocimiento internacionales en sintonía con los derechos humanos se refiere, especialmente el compromiso institucional. Necesitamos de una vez por todas poner nombres, apellidos y circunstancias, cualesquiera que fueran, a todas las personas de las que todavía sus familiares no conocen esos detalles. Necesitamos construir una memoria basada en evidencias, con las indudables lagunas fruto de la ausencia de datos, pero sin rellenos artificiales. Sin construcciones interesadas. No es revanchismo, es memoria colectiva. Es Historia.

Y traemos esto a colación porque el nieto de Juan, cree que su víctima tiene derechos, pero igual, según dice, no tantos como una de ETA, aunque sí derecho a ser enterrado como él entiende que ha de hacerse, y la existencia de un reconocimiento de que su vida fue entregada en la defensa de la democracia, esa que se supone que entre todos fortalecemos. Esta categorización de las víctimas nos parece de suma importancia.

La memoria de José Ángel, el nieto de Juan, ha sido moldeada con el claro enaltecimiento de sólo unos muertos y el claro olvido para otros. Con el tiempo, la construcción de otras memorias más contemporáneas, relatos dicen, siguen apuntalando esta idea de categorización, de unas sobre otras. ¿Son más importantes las víctimas de ETA que su abuelo? ¿Que las víctimas de los GAL? ¿Que las del, tan cercano, Caso Almería[vii]? Esta cuestión se torna más importante todavía si cabe, ahora, cuando son las siguientes generaciones las que están recogiendo el testigo de perseguir la construcción de una memoria a partir de las víctimas de sus familiares que a sus progenitores se les negó. No cabe la categorización. No podemos seguir siendo un caso especial en términos de justicia transicional en el tratamiento a las víctimas.

La fosa de Limpias fue el destino de las personas que parece murieron en su hospital de sangre, en lo que ahora es un Parador Nacional, y que terminaban allí como consecuencia de las heridas recibidas en el frente cercano de la frontera con Burgos, la debacle de la huida del ejército que defendía Bilbao tras su caída y los bombardeos de la aviación rebelde en el corredor de acceso a la salida al mar que suponía la desembocadura del Asón. La memoria colectiva de Limpias la conocía. La lista recopilada por el párroco la ignorábamos, hasta que José Antonio Larrinoa y su tesón, la sacaron a la luz. El Episcopado es el propietario del cementerio de Limpias. El mismo que aún mantiene en las fachadas de alguna de sus iglesias listas de nombres de otros muertos, conocidos y reconocidos durante décadas. La misma que autorizó la construcción de nichos sobre ella, haciendo más difícil todavía la búsqueda de evidencias. El mármol quiere ser suficiente memoria. Tapar y olvidar. No revolver. No se puede hacer nada. ¿Qué más queréis? Dejadlo estar: así está bien.

Mientras escribimos esto, dos segundas leyes están en trámite parlamentario. Una en el ámbito autonómico, la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Cantabria, y la otra en el estatal, Ley de Memoria Democrática. ¿Se lo pondrán más fácil a José Ángel, el nieto de Juan Bento Silva, portugués y asturiano, muerto en Limpias el 11 de julio de 1937, defendiendo la democracia y la República española? ¿Podrá enterrarlo en su pueblo asturiano? ¿Qué memoria de todo esto construirán sus hijos?

[i] Un buen resumen en VARGAS ALONSO, Francisco Manuel. Euzkadi y el Norte republicano. Las Brigadas Asturianas y Santanderinas en el frente vasco. Vasconia. Cuadernos de Historia-Geografía, 2018, no 38.

[ii] Dinamiteros en los frentes de Irún y San Sebastián

[iii] VARGAS ALONSO (2018) recoge la fuente: Centro Documental de la Memoria Histórica, de Salamanca (CDMH). Político-Social (P.S.) Gijón, Serie “I”, Legajo 82.

[iv] Aparece en segundo lugar con los apellidos Vento Silda: Vento Silda, Juan. Batallón asturiano nº 236 ‘Vorochiloff’, 1ª compañía. Muerto el 11 de julio. «Estaba casado».

[v] Gogora es el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos de Euskadi. Con personal propio y financiación directa de los presupuestos autonómicos.

[vi][vi] FERRÁNDIZ, Francisco. Exhumar la derrota: Fosas comunes de la Guerra Civil en la España del siglo XXI. Endoxa: Series Filosóficas, 2019, no 44, p. 17-46.

[vii] Es importante recordar al respecto la carta que desde la Guardia Civil se ha enviado como contestación a la petición de asunción de responsabilidades en el caso, aduciendo la cantidad de víctimas que el cuerpo había sufrido, como se nos recordó en el reciente acto de inauguración del monumento en recuerdo de aquellas víctimas

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